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286 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA estas almas y también mi falta de fuerzas, pero, pues me queréis de esta suerte, así también os qmero y no salir un punto de vuestro di– vino beneplácito.» 3.-En Bata, estando aus-ente su primer compafrero el P. Fr. An– tonio de Terue1, le dieron unas tercianas, que le privaban dd sentid,o , y como se hallaba solo con un esclavo de un portugués que le asistía y éste apenas le entraba en casa, padeció gran penuria el buen religioso y tanta que, pasél!do el delirio, le -era pr,eciso levantarse de la tarima a hacer lumbre; ponía al puchero un poco de tocino, quitándole primero los gusanos que tenía y, después de cocido y d·e quitársele la caJrntura, echaba en el caldo un poco de nfundi, que es harina de maiz, y hacfa unas sopas, y con -esto se sustentaba sin tener otra cosa a que apelar por la suma pobr,eza y miseria de los naturales. 4.-Sin embargo de eso fué Dios servido que convaleciese de est a enfermedad, aunque los achaques habituales nunca cesaron. Pasó lue– go de Bata a Encusu con orden del Prefecto, cuando se dividió del Pa– dre Fr. Antonio de Teruel, y, aunque le llevaron en una red, como era mucha su flaqueza , le sobrevino una calentura lenta en -el viaje, que le consumió las fuerzas y le dejó sólo la piel y los hueslos, quitándole al mismo tiempo las ganas de comer, de suerte que no podía atravesar bocado por su grande inapetencia. 5.-Instaba por este tiempo la necesidad de hacer una m1s10n po r la provincia de Zombo, v,ecina a Encusu, y aunque el P. Fr. José de Pernambuco la querí'a dilatar por verle tan postrado , el oeloso Padre ie •exhortó a que la hiciese cuanto ant,es y no la suspendiese por mirar a su asistencia, prefiriendo la neoesidad espiritual de sus prójimos a la suya corporal. Con sus instancias, después de haberle administrado los Santos Sacramentos , se partió el P. Fr. José a su misión, quedándose cerca para poderle acudir, en dándo[,e aviso •en el último aprieto de la vida. 6.-Quedó para servirle, en lo que se ofreciese, un religioso lego, mas no pasaron ocho días cuando entregó al Señor su alma én manos del compañero, habiéndose preparado ant,es para ello con fervorosos actos y esperando con rara conformidad este úhimo golpe. Su paden– cia fué maravillosa y asi ésta como sus grandes virtudes y trabajos pa– de'Cidos en la conversión de las almas, s,e los premió Dios libérrima– ment~, y tanto, que se creyó piadosament,e salió su alma purificada dej todo de esta vida miserable para entrar . desde luego en el descanso
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