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LA MISIÓN DEL CONGO 279 chas las paces, les preguntaron a los cabos la causa d,e su fuga igno– miniosa, a lo cual respondieron todos contest,emente, diciendo que cuan– do comenzaron a pelear, vieron cinco mujeres blancas adornadas de ri– cas y pr,eciosas galas, y una singularmente, cuyo resplandor y hermo– sura ·de rostro era tan grande, que excedía las luces, del sol en el me– <liodí'a, la cual llevaba e·n la mano una cruz, y que todas iban acompa– ñando al conde y haciéndole aire con unas toallas blancas y a sus sol– dados ,en la forma que se acostumbra en aqu,el reino, cuando se hacen las fiestas reales que llaman sa,ngamento ; y que, viendo ellos una ma– ravilla tan r ara y oyendo al mismo tiempo horribles y espantosos true– nos, como si viniese contra ellos un •ejército poderosí:simo de mosque– teros, cayeron en tal cobardía y t,emor, que no supieron qué hacer, sino huir por no perder la vida. 11.-Este milagroso suceso se escribió de•spués a Roma y le auten– ticó el mismo P. Fr. Jerónimo de l\1ontesarchio, del cual depusieron con juramento y firmaron con la s,eñal de la cruz por no saber escribir, entr,e otros muchos, diez coluntos o gobernadores de• lugares, que se hallaron en la batalla y fueron de los rebeldes. Así premia Dios a los que procuran honrar a su Santí 1 sima Madre y rezarla el santo Rosario ca,da ,día , la cual no hay ,duda asistió en tan grande apri,eto a su devo– to conde, con algunas santas vírgenes que le iban acompañando como a su r,eina y señora. De donde sacamos cuán grata es a los ojos de esta divina Señora la devoción del Rosario para ocurrir a todas nuestras ne– cesidades y peligros, y también cuáles principales armas con que debe pe'1ear el cristiano, son la devota oración, la contrición verdadera y la total. confianza •en Di,os y en el patrocinio de su Santísima Madre, que son los arneses ~on que se adornó •el conde de Es,ebo antes de salir a campaña. 12.-Pero, volviendo a los suc,esos del du,cado de Sundi, acaeció que, poco después que Uegó a él el P. Fr . Antonio <le Teruel, cuando dejó a Bata y se le mandó pasar a ayudar a los Padres napolitanos de esta misión, llegó 'también ,el duque a la banza de Sundi de cierto viaje. Era este príncipe hijo del rey Don Alvaro V y sobrino de Don Garcí11 II, que actualmente reinaba. Con su llegada se ofrecieron algunos emba– razos considerables, a causa de que• había ,estado algunos me ses de la otra parte de sus ,estados entre los gentiJ.es, dándose a vicios y pasa– tiempos, con la seguridad de haber •de por medio un río que divide su estado de las tierras vecinas de los gentiles y par,ecerle no llegaría a oíldos del rey su tío su ausencia, que fué de seis meses. "'

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