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LA MISIÓN DEL éóN<ló había tenido mayor júbilo que mientras le llevaron arrastrando. Al fin se despidió del Pr-efecto y con su bmdición y orden del rey empre~dió el viaje para Europa a los negocios que se le habí,an encomendado, los cuales, dispuestos y concluí-dos, se volvió a }a misión, habiéndole acae– cido los varios accidentes que adelante referiremos. 5.-Por la ausencia de este religioso fué enviado a Sundi el. P. Fray Antonio María de Monteprandone, de quien ya dijimos en otra parte había estado ,en Matari detenido aJgún tie'mpo, bautizando, doctrinando y administrando los Sacramentos po¡.- su comarca antes de llegar. Con el nuevo compañero pudo e.l. P. Fr. Jer.ónimo <le Montesarchio, que habla ya muy bien la lengua conguesa, discurrir más libr,emente, sin el embarazo de intérprete, por toda aquella dilatada provincia en su santo ministerio (88). 6.-Des,d,e sus confines S·e alargó a Macoco, que era reino <le gen– tile•s, navegando alguna part,e del río Zair·e. Recibiéronle el rey y sus vasallos con grandes muestras de benevolencia y deseos de reducirse todos a nuestra santa f.e, pero, por las circunstancias siguientes, fué pre– ciso dejarlos y volverse a Sundi. Este fué uno de: l.os rdnos que pidie– ron Capuchinos al Papa para su ,enseñanza y; aunque <lió orden la Sa– cra Congregación para que se plantas,e allí, la misión, el cor.to número que había de obreros para los reinos del Congo, de la Zinga y Aban– dos, fué causa <le que por entonces no se ejecutase y ·el P. Fr. Jeró– nimo, así por eso como por faltarle intérp~t•e, que es ya otra lengua distinta, hubo de volverse a proseguir al ducado de Sundi. 7.-A es.te gran siervo de Dios le sucedieron varias cosas prodigio– sas, de las cualé's referiremos dos bien notabl,es y sabidas entre sus com– pañeros por las muchas v,eces que las oyeron ref.erir a los naturales, donde acaecieron. El prime1· caso fué así. Pasaba haciendo misión por una libata y encontró en ,ella a un nganga ngombo o maestro de su– persticiones y hechicerías ; éste se hallaba actuaJmente curando una mu– jer enferma; vióle el Padre los signos y visajes que hacía y, llevado (88) Lo mismo el P. Antonio Ma. de Monteprandone, que el P .. Jerónimo de Montesarchio, estudiaron la lengua congolesa en San Salvador a mediados de 1648 y al poco tiempo de su a,rribo al Congo. El P. Montesarchio nos ~ice en su obr~ ma– nuscrita Viaggio del Gongho, que entonces sacó para su uso particular una copia del Vocabulario que se había compuesto y que, como luego diremos, ,era ~rilingüe :_ La– tino, castellano y congolés; obra <le la que fueron autores los Capuchmos espanoles que allí estaban de misioneros (Cfr. P. HILDE!!RANp,. o. c;, p. 264, ,Y mi art.ícl!lo Los Capuchinos españoles en el Congo y el primer diccionario congo/es, en Missio- 11,a/ia Hispanica, II (1.945), pp. 209"230).
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