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LA MISIÓN DEL CONGO ll a enfermedad. También -les -dijeron sospechaban que el conde' estaba to~ado ,d,el err,or de los que piensan que no hay más vida que la p,re– sente, y, según murió, se hacia crdble la sospecha. 26.-Ultimament,e- llegó la hora fatal y, estando para expirar, fue– rón sus pari-entes a avisar a los Padres; no habiendo ant,es dádoles en– trada más ·de la vez primera. Fué allá e'l P. Fr. Juan María de Pavía y le halló ya en estado tal, que no pudo hacer nada, y luego breve– mente expiró. El ,día siguient,e -concurrió la g,ente más principal de1 es– tado a su ,entierro, por tenerlos avisados ya algunos días antes, y ha– biendo llegado los parientes a pedir licencia a los religiosos para abrir Ia sepultura, les respondieron que no habí,a lugar ni podían dar licen– cia para ello, por haber muerto impenitente y contumaz en sus vicios y e'rr,ores . 27.-Con esta respuesta y constarles -de la verdad, se fueron y 1e lle– varon a enterrar sin solemnidad alguna eclesiástica a la iglesia de San Miguel, que es donde tienen los condes su entierro. Viendo la gente de los lugares que no se tocaban las campanas ni asistían los Padres a dar sepultura al cuerpo, s·e comenzaron a amotinar, pero los ciudada– nos de la banza se opusieron a sus quejas y los sosegaron, informán– doles ,de lo que' había pasado . A otros menos capaces del caso les sa– tisfacieron diciiendo que ya los Padres habían dado su razón y que, respecto de no poder obrar otra cosa, debían conformarse con su pa– recer, pues les tocaba gobernarse por las disposiciones de la Iglesia.\ 28.-Dentro de seis días se hizo la dección del conde en la persona de Don Miguel de Silva, primo hermano dtel difunto, aclamándole por ser buen caballero y piadoso, •en oposición -de Don Crisóstomo, herma– no del cond,e, pareciéndoles que éste serfa cruel como su hermano.· Con la nueva elección tomaron otro temperamento las conversiones y res– piraron algo los misioneros. Suce-dióle al nuevo conde lo que a Saúl, que dos años vivió bien y siempre juzgaron se ajustaría con el rey, mas no lo hizo, antes sí prosiguió las crueldades y amancebamientos de' sus antepasados y aun quiso matar a su propia mujer y nombrar por con.– desa a su concubina. Opusiérons,e a ello los r-eligiosos,. viendo tal des– varío y la inocencia de la condesa, ,en quien había puesto dolo sin más motivo que su ciega pasión e' inclinación a la manceba . 29.-Sos·egós-e esta tormenta, que fué muy furiosa, por la miseri– cordia del Señ-or y continuas -exhortaciones de los religiosos, y volvió l¡i. <_:ondesa a palacio , pero no más quiso <;oha,bitílr con ,~lla, Mv.Pió este

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