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,.MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA circunstant.t,:s de ver tan raro prodigio, pero, para que acabasen de des e:ngañarse y de conocer su pot,estad y la virtud que se encierra en ella para atar y desatar las ligaduras puestas por los ministros legíti– mos de la Iglesia, le levantó 1a madición al árbol y le bendijo, hacien– do la señal de la cruz sobre su corteza. Al instante reverdeció el árbol seco y s,e volvió a poblar de hojas y a gozar de su antigua foescura. Acordáronle al con<l,e este caso y c-on su memoria se acabó de rendir a1 consejo de sus deudos ; temió el rigor ·de las censuras y con rendi– miento pidió la absolución, la cual le concedió el P. Fr . Juan María cJ.e Pavía, por orden de su compañero . 23.-Aquí se ve cuán formidables son las censuras de la Iglesia ; algunos, sin temor y sin vergüenza_, se las tragan como agua, pero, al fin, la justicia -divina venga sus agravios y los contentores experi– mentan los efectos en sí bre.'viemente, como 1e sucedió al conde. Sólo los nombres que le dan los sacros cánones y Ponífices a la exeiomu– nión , tomados de sus efectos, ponen grima; ¿qué será el experimentar su eficacia? Según nuestro Coriolano, en su Breviari,o Cr0ttológico, tiene 'los nombres siguientes: Censura divina o eclesiástica, <listricción eclesiástica o ligadura ; llámase también anatema, anatema maranata, muerte, medicina, lanza o cu-chillo ,del Obispo, vara de hierro, nervio de la disciplina ,eclesiástica y, en fin, la mayor <le todas 1as penas que pone la Igksia, la cual, adhuc inj1,ste' lata., no se deja menospreciar, 24.-Después de la absolución de.1 conde, solicitada más por miedo servil que por humilde reconocimiento, pasaron como veinte dÍias , al cabo de los cuales cayó enfermo y no se levantó más de la cama. Fué el P. Fr. Juan María de: Pavía a visitarle y a exhortarle dejase las concubinas y a que .se ,dispusiese para recibir los Santos Sacramentos de la Iglesia y a que diese alguna honrada satisfacción a muchas per– sonas nobles a quienes había hecho muchas injurias. Respondió, aun no habiéndosele pedido lo riguroso de: que él mismo les pidiese per– dón, que estaba cansado y que él avisaría en otra ocasión. 25.-Continuaron esta diligencia los relig~osos por medio de su her– mano, pero siempre respondía que aun había tiempo para -esas dili– gencias. Todo su cuidado lo puso en haoer remedio para la vida cadu– ca y para su perdición, pues, según supieron los Padres de personas fidedignas t emerosas de Dios, había hecho traer a su casa hechiceros y sacerdotes gentiles cl,e la otra parte del Zaire para que le curasen a su modo 1 los cuales le habían hecho cr•eer que no moriría de aque-

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