BCCCAP00000000000000000000767
MISIONES CAi>UCHíNAS EN ÁFRICA cordia. Allí, se r,econcilian públicamente las enemistad,es, cesan los odios y rencillas. Asiste a· todo el predicador y, según la nómina que le han dado los superiores y cabezas de cada gremio, dispone las cosas para que tengan su logro con la mayor prudencia y discreción posible. 10.-De esta mudanza del P. Fr. Serafín de Cortona a Loanda se siguió otra de San Salvador a Soño, pues, para suplir su falta, envió el Pref.ecto luego al P. Fr. Buenaventura de Corella a aquel conda– do, y, en lugar d-e éste, llevó a San Salvador al P. Fr. Francisco de Veas, que r·e'sidía en Encusu, de suerte que quedó solo en aquella mi– sión el P . Fr. José de Pernambuco, hasta que el P . Fr. Gabriel de Valencia, que asistió primero en Bata, le , fué a ayudar para dar la labor conveni•ente a todo el marquesado de Encusu. Esta delación de: las mudanzas de los sujetos es precisa para la mayor inteligencia de los sucesos, las cuales eran inexcusables por los accidentes que se ofrecían a cada paso, así de faltk. de salud y reparo, como por ocurrir prontamente a la necesidad de los pueblos y peticiones de los prínci– pes , que tal vez gustaban más de unos suj,etos que de otros, y por lograr el fruto principal era preciso darles gusto en lo que se pedí:a. 11.-En llegando a Soño el P. Fr . Buenaventura de Corella, que fué en el año de 1649, cr,eyó ser admitido dd conde con el agasajo que solía recibir a todos sus compañeros, pero le halló tan mudado, que le puso en gran confusión su semblante. Extrañólo el Padre mucho e, ignorante de la causa, procuró investigar el fundamento de aquella no– vedad, no dudando sería alguna inv,ención diabólica, dirigida a la ruina espiritual de las almas y a impedir los progresos de aquella misión. Sucedió así puntualmente, porque, informado bien d~ todo, supo cómo al conde se k había puesto en la cabeza que él le iba a matar con he– chizos, r-epresentándole su fantasía ser esto óerto, 11especto de no fri– sar bien con el rey y haber venido el Padre de la corte y dádole noti– cias de cómo S. M. quedaba con buena salud y la corte quieta y pa– cífica. 12.-Procuró su secretario, que se llamaba -don Miguel y era muy buen cristiano, apearle de su fantástico temor, reconviniéndole con razones muy prudentes, y, por último, le dijo que bien sabía de expe– riencia lo mucho que a S. E . estimaban los Capuchinos y los buenos oficios que l,e habían hecho en los sucesos pasados c;on el rey, y, en fin, que su trato era muy leal y religios,o y no se podía sospechar ta\ intento de un sacerdote y ministro evangélico, destinado para aquel ministerio por el Sumo Pontífice. Respondióle el conde diciendo : «To-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz