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LA MISIÓN DEL CONGO 259 me quitado mis dioses, obras de mis manos, ¿y me preguntáis que por qué doy gritos?» Deos meos qu.os mihi, feci tulístis et didtis : quid tibi'. est? (84). Fero aun hizo más el otro, pues llegó a ofr.eoer dádivas por el rescate de sus ídolos. 19.-En el mismo camino de vuelta para Encusu lie suce-dió a dicho Padre otro caso bien notable ; llegó a cierta Jibata difer,ente de la pa– sada y, como tenía ordenado a los muchachos que le acompañaban que, en viendo ídolos o señales ck hechic,eros le avisasen, ellos s•e ade– lantaron y hallaron una mujer con un niño ,en los brazos, la cual tenía un idolo y algunos envoltorios de hechioeros. Dijéronselo al Padre y fué allá; reprendióla, como -era justo, y pidióle le •entregase los ídolos; respondió que ,de ninguna suert-e, porque aquel ídolo daba y guardaba la vida a su hijo. Procuró el religioso sacarla de aquel error y, v!iendo que aun resistía el dar •el í,dolo y trastos, mandó a los muchachos que se lo quitasen. Cogiólos y r•edújolos a ceniza, y también la casa, para escarmiento de otros. 20 .--Al P. Fr. Jerónimo de Montesarchio ,en otra provincia J.e su– c,edió otro caso semejante y aun ,de mayor admiración, pues habiendo quemado unos í,dolos, lo sintió tanto una mujer que los tenía, que se cayó desmayada en tierra y estuvo por largo rato casi difunta, que es cuanto hay que ponderar. Todos nuestros 1·eligiosos tuvieron mucho que trabajar en -esta materia y por esta causa, si Dios no los librara poderosamente, estuvieron varias veces a punto -de perder la vida por ser cosa intoJ.erab'le a los naturales el qu,e les quemasen los í 1 dolos , y tanto, que se arrojaban al fuego para sacarlos y huían con ellos , 21.-Padecieron los Padres <le ,esta provincia de Encustt innumera– hJ.es trabajos de varios modos, y en una ocasión especialmente tuvieron por cierto el que acabasen con •ellos. Fué el caso que había en la igle– sia de la banza principal unos sepulcros elevados <le ciertos fidalgos que ,estaban allí, entierrados, y, tanto por ·estar ,en medio de ella y em– barazar el paso , como por haber muerto impenitentes, sin Sacr¡tme·n– tos y cargados de mancebas, les pareció convieniente quitarlos de allí y ·echarles fu.era de sagrado. Súpolo la gent,e y se conmovi-e:ron, de suer– t,e que quisieron poner en ellos las manos y matarlos. Tuvo noticia el rey del desacato de la gente y mandó pr-ender a los principales agre– sores del tumulto y descomedimiento y -determinó que fuesen castiga- (84) Judic., 18, 24.

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