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Aquí mataron al mártir Bue1naven1tura por la defensa de la fe católica. Y después se fué a la banza que está cerca. 13.-Pasadas algunas horas llegó ,el P. Fr. José a hacer oración a la misma cruz y Iieyó el sobredicho letrero, con que juzgó s,ería muer– to su intérpr·ete..Dió gracias a Dios por su feliz suerte y, teniéndole por mártir, prosiguió el camino, discurriendo adónde hwbrían echado su cuerpo los matadores; entró en la banza y, hallándote vivo, }e dijo sonriéndos,e: «¿ Qué tragedia •es ésta, amigo Buenaventura? ¿ Vos vivo, cuando yo juzgué que teníamos ya en Congo un mártir negro?» Res– pondióJ.e el intérprete •diciéndole: «Padr,e: como me ví tan cerca de sedo y me dieron tantos palos, escribí aquellas palabras de la cruz, teni-endo por cierto que Vuestra Paternidad había de ir, como acostum– braba, a adorarla, a fin de que supies,e, si me mataban por dicha, que Buenaventura moría como católico y por defensa de la fe santa que profesa la Iglesia romana. 14.-Al P. Fr. Francisco de V,eas le sucedieron por su parte dos ca– sos bien notables, cuya noticia puede conducir mucho para confusión de los que, teniendo más luz y obligacione's de se1· buenos cristianos, no sólo no aman ni sirven a Dios, único soberano dueño de lo visible e invisible, pero ni aun le dan e1 culto y veneración extrí111seco que solí.an dar a sus ídolos y simufacros muchos de los negros de ·esta provincia. Suoedió, pues, que caminando dicho Padr,e d,esde Encusu para Zombo a verse con su compañ,ero Fr. José, para la disposición de algunas co– sas, llegó a cierta libata y los muchachos que le acompañaban, como advertidos ya en la materia, le dieron noticia de que allí cerca había cierta casa encantada de un nganga ngombo, o saoerdote de ídolos, grandísimo hechicero. 15.-Fuése ,el Padre derecho a ella y, en entrando, ,encontró canti– dad de' ídolos y de sacos llenos de trastos para hechizos y e1 1 ngarnga ngombo, que era un viejo de baja figura y tan estropeado, que apenas se podía tener ,en pie. Como vió éste al Padre ,en su casa y que iba re– cogiendo los ídolos para quitárselos, comenzó a dar gritos ; acudieron 17

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