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LA MISIÓN DEL CONGO 255 exhortaciones para que se lo manifestasen, mostró con ardiente celo y una santa indignación de que quería dar cuenta al r ey de lo que pa– saba y, por ver si se movían a entregar el ~dolo, 1e dijo al gobernador que se ,dispusiese porque le había de llevar a la presencia del rey, en quien hallaría el castigo de su culpa. Ninguno de estos medios bastó para el caso, ant-es comenzó a tumultuar 1a gente y a irritarse, de su:er– te que le fué pr•eciso al Padre omitir la pretensión para tiempo más oportuno. 7.-Volvióse -después a la banza y la halló también amotinada con– tra su compañero; a uno y otro les dijeron mil oprobios y, enh'é' ellos, que iban a engañados, y por último les amenazaron con la muerte y c1ue en el ínterin tuviesen entendido que no habían de sal.ir de la banza a part•e' alguna sin licencia y permiso del marqués. AI.borotada la gente en esta forma, se dedicaron a sos.egarla y a poned'a en razón, dándo~es a entender cómo no pretendíai1 sino su salvación y el sacar sus almas de pecado. Y últimamente les hicieron saber que' hab~arí de ejercer su ministerio apostólico libr,emente para provecho -de sus almas y cumpli– miento de su obligación. Hablaron al marqués para que mandase entre– gar e_! idolo y también escribieton al r,ey, pero todas fueron diligencias infructuosas par~ el caso por estar tocados todos del mismo contagio. 8.-Viendo que no hal:iían podido descuprir el ~dolo, pasaron a poner fuego a otro no menos venenoso y tanto más perjudicial cuanto le te– nía cada uno más radicado en los huesos. Este era el vicio infernal de la lascivia y estado concubii1ario, el. cual suele andar conjunto con Ja idolatría. Hizo e_l P. Fr. Buenaventura vivísimas instancias con el mar– qués y fidalgos principales en orden a que dejasen fas concubinas y se casasen, pues, -en no empezando las cabezas a reformarse en las cos– tumbres, no se puede recabar nada con los vasallos y esdavos. Empe– ro no hubo forma -de r-educirlos a eso, dando todos por excusa el decir que -eran caballeros y que no les ,era d·é'cente casarse con mujeres al– deanas del país, sino con ías -de la corte, que -eran conformes a su ca– lidad. 9.-Verdaderamente que podemos decir de los naturales de este mar– quesado por sus vicios y p,ervetsida,des, l-0 .que San Pablo refiere -en la Epístola a Tito, su discípulo, de los de Creta o Candia: Cre<Penses se,ni 1 per mendaces, malaie, bestiae , vemtre pigri (81), pues, en medio <le bfa- (81) Tít., 1, 12.
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