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MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA los cocodrilos o caimanes que se crían en aquel paraje, y en ti,erra, <le los -elefantes, de todo lo cual abunda el marquesado. Empero todo esto fué poco respecto de lo que padecieron con la barbaridad dé: aquellas gentes, por ser más fieros que los brutos y tanto, que podemos decir se hallaban en ellas juntas todas las parbaridades, vicios y supersticio– nes que estaban repartidas por las -demás provincias. Hallaron hechi– ceros sin núméro, ídolos y sus sacerdotes a cada paso, nuevos casos de invocación del demonio, a todos amanc-ebados y llenos de vicios de mil maneras y reducido todo a un retrato del infierno por sus pecados y maldades. 4.--;Llegaron a dicha banza el día de los Santos Inocentes y no ha– llaron en toda ella quien supie:se hacer }a señal de la cruz, excepto una negrilla natural de San Salvador, que sabía bien la doctrina cristiana. Fuéle s preciso a los Padres valerse de ella y del intérprete para ense– ñarla a los demás. El <lia siguiente propusieron la misión y, después de haberles anunciado el fin a que iban y lo que les importaba aprovechar– se de tan buena ocasión para salir del mal estado en que v,'ivian y res– tituirse a la amistad de Dios, les exhortaron a que acudieran a las mi– sas y sermones y a que enviasen sus hijos a la escuela para que apren– diesen la doctrfoa cristiana y buenas ·costumbres . Leyéronles la carta del rey e:n que les mandaba lo mismo; y, aunque por la nove-dad acudió alguna gente el primer domingo a misa y por la tard-e a la doctrina, en el siguiente ya era menos la que acudió, y ninguno por la ta,r<le a la plática y doctrina. Viendo tal tibieza y descuido, acordaron valerse de la autoridad de'! marqués, pareciéndoles ser un tnedio eficaz para com– pelerlos a que acudiesen. 5.-No ·dejó de surtir algún efecto esta diligencia y poco a poco se fueron dispo1üendo los ánimos. Cornenzóse la labor evangélica y, ha– biendo sabido los Padr,es que en una libata que .estaba a <los leguas de la banza tenía la ge·nte cie1~to ídolo célebre, que llamaban el dios del campo y le estimaban sobremanera, se resolvió el P. Fr. Buenavt::ntu– ra <le Corella a ir y cogede para quemarlo. Dispuso con silencio el viaje y llevó en su compañía al intérprete y algunos criados de éste ; pero, cuando llegó a la libata, ya lo habían escondido. No obstante, mandó juntar la gente y les hizo una plática en que les reprendió sus vicios e idolatrías, ponderándoles mucho cuán gran pecado cometían ,e:n ado– rar al' demonio, siendo cristianos. 6.-Pidióles después el ídolo para llevarlo a la banza y pegarle fue– go en la plaza; negáronsele y, viendo que no t,e bastaban ruegos ni
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