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MISIONES CAi>UCHlNAS EN ÁFRICA a su salvación. Manifestó d-e nuevo sus buerios deseos; dijo que a su tiempo les avisaría, como lo hizo, y sucttlió .lo que en su -lugar dire– mos, que es bien para alabar a Dios y uno de los frutos admirables que consiguieron los Capuchinos con el divino auxilio en estas misiones de Africa. Esta r,esolución tomaron dichos Padres con ánimo de partici– parle al Prefecto cuanto les había !>.asado, así -en la banza de Huandu como con la reina Zinga, y también a fin de que los ocupase en alguna nueva misión o los incorporase en 'ias otras del reino, respecto de que en Huandu en mucho tiempo no había esperanza de hacer algún fruto por la pérdida de la gente y estar Ja restante ,desparramada por los mon– tes, y principalmente por no tener cabeza que los gobernase hasta la elección dfJ nuevo conde, que todo prometía largas dilaciones (80). (SO) Esta reina se llamó Nzinga Mbancli Ngola, más célebre y más conocida con el sobrenombre de Zinga. Se bautizó a los 40 años en Loanda, en 1622, y tomó en– tonces el nombre de Da. Ana de Sousa, aunque conservó su antiguo nombre, y se distinguió por la s muchas guerras en que intervino. En 1656 pasaron los Capuchinos a evangelizar su reino, haciéndolo el primero el P. Antonio de Gaeta. Desde enton– ces se convirtió ele veras al cristianismo y murió a los 81 años de edad, el 17 de di – ciembre de. 1662 (Cfr. Notas para una Cronología, etc., pp. 45, y 50..51).
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