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MISIONÉ$ CAPUCHINAS EN ÁFRICA hacia el secretario y le preguntó qué cosa era aquella; de lo cual co)i– gieron que no tenÍia noticia de Jas sagradas imágenes. 10.-Pµsose el religioso el Crucifijo al cuello y la reina los mandó sentar y, después de saludarles con grand,e afabilidad por medio de su intérprete, les dijo que deseaba sumamente tenerlos en sus tierras para que a ella y a sus vasallos los instruyesen en la f.e cristiana y buenas costumbres. Respondiéronla que deseaban también dlos servir a Su Maj,estad en eso mismo y que siempre que gustase mandarlos llamar, la obedecerían con mucho gusto. Díjoles más: que tuviesen buen áni– mo y no se admirasen de aquellas hostilidades y muertes, pues 'eran su– cesos ordinarios de la guerra: que ella deseaba dejarla y los querí,a te– ner consigo en tiempo de mucha paz. 11.-Maravilláronse los Padres de ver en la reina tanta piedad, do– cilidad y afe:cto a la religión cristiana ; dieron a Dios muchas gracias por el suceso y reconocieron en él una especial providencia del cielo para el logro de su salvación y de los maravillosos frutos que se consi– guieron en los estados que conquistó ,después de esta guerra en un rei– no de gentiles. Pasada esta primera audiencia le ordenó a su secretario aposentas·e a los Padres en una tienda apartada de• la suya y que, res– pecto de ir fatigados del camino, les diese luego un refresco y los de– jase descansar. 12.-Llevólos a una barraca de paja, cerca de la cual tenían su alo– jamiento algunos soldados ; vieron en ,el rancho una grande hoguera y alrededor diferentes negros, que con gira y bulla estaban asando car– ne humana; unos, piernas ; otros, brazos, y otros, espaldas de sus ene– migos que habían muerto en la batalla; y cerca de éstos, otros cuan– tos soldados que despedazaban los cuerpos como carniceros y los r·e– partían a los que iban llegando. Causóles este espectáculo a los Padre's increíble horror y, lastimados de v,er tal atrocidad, salieron de la barra– ca pidiendo a Dios misericordia con lágrimas y suspiros diciendo: «No quiera Dios que nuestros ojos vean tan inhumana crueldad», y se' reti– raron de aquel sitio. 13.-Dieron luego aviso de su salida a la reina y al instante les man– dó ir a su pr-esencia; ,en llegando les habló de esta suerte: «Padres míos, siento vuestro desconsuelo ; sabed que yo y mis capitanes no co– memos carne humana, sino los soldados ordinarios ; no os admiréis la coman, que están acostumbrados a ella y no es fácil e'n tiempo de gue– rra quitarles esa costumbr-e.» Mandó luego que les pusiesen alojamien-

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