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LA MISIÓN DEL CONGO leones y otras fieras del país ; y con ademán formidable y prevenidos los arcos y flechas se fueron acercando a la iglesia. El lenguaje era muy bárbaro y el eco tan desapacible, que más parecían lobos que aúllan que hombres que hablan. 7.-Los r,eligiosos, sabiendo era fiera esta gente y tan inhumana que mataban los hombres para comérselos, escondieron debajo del al– tar .al negrillo que les acompañaba y se pusieron a orar y a preparar · sus ánimos para cualquier trabajo que Dios les enviase. Después toma– ron los Crucifijos y, armados de fe y confianza en la divina protección, salieron de· la iglesia por medio de los bár):>aros a ver qué querían; no .hablaron palabra que pudiesen entender, pero, diciendo y hadendo, se metieron los más ,de ellos en la iglesia y, cogiendo la caja de .las v;esti– cluras sagradas y una ):>otija de vino, que tenían para las misas, y se alzaron con ello. Otros llegaron a registrar· el altar y, encontrando al negrillo, le sacaron fuera; ,el pobreóllo, viéndose en sus manos, comen– zó . a llorar amargamente, temiendo ser pasto ,de aquellas fieras, pero no le hicieron daño alguno ni a los Padres. 8.-En lo que se cebaron como bestias fué en 1.as legumbres y, en habiendo dado fin a ellas, Ies mandaron ,entrar •en medio de los ,escua– drones y los llevaron como prisioneros a la reina su señora, que con su •ejército quedaba dos le·guas atrás. Avisáronla de la llegada de los Padres y envió un recaudo con su capitán, que pareda un fiUsteo, di– ciendo que se aguardasen allí hasta tener nueva or,den. En es•e ínterin vieron pasar uno ,de aquellos gentiles .cargado con medio cuerpo, de la cintura abajo, que era de los que hapían muerto en la batalla. Después se acercó a ellos un ·escuadrón <le soldados con sus panderas y tambo– r,es y estuvo a ¡a vista como de guarnición hasta que les fué orden pa1~ que· los condujesen a la tienda de la r•eina, lo cual hicieron con muy buena traza miUtar, poniéndose, en dos filas iguaJes y con los arcos y flechas a guisa de pelea. 9.-Llegaron a la tienda de la reina y la hallaron sentada con ma– jestad •en una silla ricamente guarnecida; causaba respeto el v•e•rla y aun temor tener así ella como todos sus capitanes los arcos y flechas en las manos . Luego se acercaron a la silla y al instante se levantó y les hizo cortesía. Ya su secretario la había informa•do cómo eran mi– sioneros del Sumo .Pontífic,e y de los ejercicios en que se ocupaban en aquellas tierras. Quiso entonces uno de aquellos Padres darle a a,dorar el Cn1cifijo que llevaba é'11 la mano, mas ella s,e retiró y volvió el rostro

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