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.MISIONES CAPUCHÍNAS EN ÁFRICA Dios y a la frecuencia de los Santos Sacramentos, no hacían caso de la confesión. Solos tres fidalgos, natura:les de San Salvador, que se halla– ron allí, y el intépreté' se previnieron con los Santos Sacramentos; los demás no cuidaron de eso. Al fin comenzaron a marchar los escuadro– nes y, por que no les faltase a la hora de la batalla quien les exhortase a hacer un fervoroso acto de contrición, le encargaron al intérprete que, antes de comenzar a acometer al enemigo, les mandase hacer di• cho acto con {.:'l mayor fervor posible. No seria poco el que acertasen con él y más -en aquella hora, pues quien no se ha acostumbrado en vida y en tiempo de paz a arrepentirse, será milagro Jo sepa hacer en tiempo de guerra y a la hora de la muerte. 4.-Tomó la derrota el conde por un lado y el capitán general por otro ; éste tuvo la suerte de no encontrar al -enemigo, y así libró bien; pero el conde, con su ge'1lte, pagó la pena de su arrojo y temeridad. Llegó brevemente a corearse con el ejército de la Zinga y, habiendo estado tres días a su vista sin hacerse hostilidad alguna, después al cuarto día se acometieron furiosamente ; mas como los contrarios eran muchos en número y más v-ersados •E'n las armas, a los primeros encuen– tros los vencieron, quedando muerto el conde con más de quinientos de los suyos ; los demás se procuraron retirar a las -eminencias de los montes, que son los castillos y murallas de su defensa. 5.-Súpose después en }a banza la muerte del conde y la derrota de su gente, y al punto la poca que había quedado, porque las mujeres y niños ya se habían subido a los montes, comenzó a dar gritos y alari– dos y se puso -en fuga, no de otra suerte que ovejas descarriadas. De– járonse solos a los religiosos y en menos de un cuarto de hora ya no había -en la población persona a}guna. Con esta ocasión estuvieron tres días solos con un negrillo que les ayudaba a misa, sin tener otro basti– mento que una corta cantidad de legumbres. Retiráronse a una iglesia pequeña que habían fabricado y metieron en ella la ropa de la sacristía, no -dudando que los enemigos se acercarían luego a saquear la banza, como, en e'fecto, sucedió. 6.-Adelantáronse a explorar la plaza hasta doscientos hombres, tan fieros y horribles en el aspecto, que parecían unos demonios. Llevaban desnudo todo el cuerpo, menos lo que la decencia pide ocultar, para lo cual se servían de un delantalillo de cierta tela de hierba de media vara de largo y ancho. !La cara la llevaban pintada con un betún blan– co, .la cabeza adornada de· un turbante o corona de diferentes plumas de aves y en lugar de banda una cantidad de dientes y muelas de tigres,
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