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En que se prosigue la materia del capítulo precedente. 1.---<1:,a ocas1on por que cesó tan bn:!v,e1ne'l1te la n11s1on de Huandu fué la siguiente. Hallábase la reina Zinga mÚy ofendida del conde por haberl,e matado en tiempos pasados algunos capitanes de r,su ejército y, sin ,embargo de que ten~a paces con el rey del Congo, luego que! le– vantó el sitio de Mazangano se fué derecha con su gente a vengar el agravio. Entró por ,el condado de Huandu con poderosísimo ejército, que constaba de más de cincuenta mil soldados, ,entre hombres y mu– jeres, que también éstas pelean por allá, unos y otros ejercitados por muchos años en la mUicia. Llegó la noticia a la banza y el conde no Je pareció acertado aguardar el golpe ,en -ella y menos e l retirarse al abri– go y defensa de los montes, como se lo aconsejaron los religiosos, pa– reciéndoles s,er esto lo más. convenien~ para obviar muertes, y que la reina s,e daría por satisf.echa con que 1,e dejasen libre la entrada en la banza. 2.-'Por último, el conde, picado d,e la vanidad y sin atender a la su– perioridad del ejército de la Zinga ni al consejo de los :religiosos, de– terminó salirle al ,encuentro con su g,ente y presentarle l.a patalla, te– niendo puesta toda su confianza en su valor y en que los suyos sabían bien la tierra y los contrarios no. Hizo re seña para juntar sus h_uestes y el día 5 de octubre de 1648 dividió la gente en dos trozos : el uno lo llevó el capitán general y ,el otro el mismo conde. Antes de partirse les dij,eron misa los Padres y les exhortaron a todos a que se pr,eviniesm con verdadera penitencia, confesándose ,enteramente de sus culpas y con firme propósito de la e'llmienda y especialmente de dejar las man– cebas y de casars,e conforme al orden de la Iglesia. 3.-0ye ron las pláticas que se les hizo, mas, con el sobresalto de la guerra y ,estar tan poco acostumbrados a las cosas del. servicio de
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