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MISIONES . CAPUCHINAS EN ÁFRICA otros muchos vicios, pue's, según les informó el intérprete, no sólo te– nía doscientas mancebas, pero observaba varios ritos gentílicos, entre tos cuales era uno que, de cuatro en cuatro días, hada ciertas cer,emo– nias en honra del demonio. Era tan observante en esto, que por esa causa no quiso recibir en audiencia a los Padres el día que fueron a hablarle. Extrañaron mucho el que no se dejase ver, pero los criados les satisfacieron, diciendo estaba haciendo sus sacrificios. 20.-'-No obstante lo dicho, comenzaron a predicar y enseñar la doc– trina a todos, confiando en la protección divina les había de dar victo-· ria ,de todos los enemigos, y les sucedió tan prósperamente, que bauti– zaron innumernble gente y un día con otro se bautizarían hasta cuatro– cientas almas. Casaron a muchos, según el orden de la Iglesia, y to– maron las cosas de la religión otro <liferente temperamento del que tenían, y aun hubieran sido mayores los progresos si ·no fuera por la falta <le tiempo y haberse interpuesto la ocasión que luego dir-emos, mediante la cual sólo pudieron trabajar allí por espacio <le quince días . Los juicios de Dios son incomprensibles y en esta ocasión se nos des– cubren soberanamente raros y admirables por todos caminos. 21.-En el ínterin que llegó el accidente para cortar el hilo de la misión, sucedieron en ella varias cosas particulares como acontecía en las demás partes; de ellas notaremos una por ser más especial y ex– traordinaria, la cual le acaeció al Padre Fr. Francisco de Veas. Llegó, pues, este religioso a una libata, donde supo habÍla cantidad de ídolos, y él, inflamado en el ce1o de la honra y gloria de Dios, fué sacando los que pudo de las casas . Apenas hubo reunido unos pocos, cuando co– menzó la gente a amotinarse contra él ; despreció sus amenazas y .qui– so proseguir sus diligencias, creyendo echarían a huir, como solían en otras partes, pero •estuvieron tan tenac,es ,en defenderle la entrada en las casas, que le amenazaron con la muerte y no se apartaron de: las puertas. 22.-Quiso, no obstante, perseverar en sacarles los ídolos, aunque fuese a costa de la vida; preparóse para el caso y, aunque por breve rato, les predicó sobr,e el punto, anunciándoles la grande ofensa que hacían a Dios y el castigo que tendrían de su mano si no trataban de arrojar de sí aquellos simulacros y alhajas del ,demonio. Oyéronle este racionamiento y, probando de nuevo a querer entrar en una casa para sacar los ídolos, se opusieron fuertemente los vecinos y le dijeron las palabras siguientes: «¿ Qué piensa é'l Padre hacer con su porfía? ¿ En-
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