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MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA ta y excelentísimo teólogo , jamás le vieron hacer el menor alarde de su saber; ni cuando argüía quiso tirar a concluir a alguno, excepto a los herejes, así por mortificar Ja propia excelencia como por no oca– sionar pudor a los que sabían menos. Para este efecto prevenía siempre al compañero y le decía que, en habiendo batallado lo suficiente, le ti– rase del manto ; hacíale seña y después, con gran destreza, fortaleda la razón del que impugnaba y lo disponía de suerte que éste quedase al parecer vencedor. 15.-En la oración y mortificación, en la pobreza y observancia de la Regla seráfica fué austerísimo ; por estos medios llegó a inflamarse tanto en d amor divino, que só1o deseaba tener ocasión adonde sacri– fic ar la vida por la salvación de sus prójimos. «¿ De qué sirve -solía decir- nuestro estudio si no lo empleamos en restaurarle a Dios tan– tas almas como -el demonio le tiene usurpadas con sus engaños y astu– cias ?» Acordábase frecuentemente de aquella maravillosa sentencia del Apóstol de los indios, S. Francisco Javier, que dice: Mihi vero persepe v enit in m entem d ncum Europae Academias versal!"i et insani modo vo– ciferari, eos,que qui doctrinae plus habent quam char·itatis, his compelle1'e verbis: H eu ! qitam ingens a'nimarun nume,rus vestro vin:o periit et C'.,.:– dusus coelo deturb (l;tur ad ínferos (78). 16.-Mandóle e'! Santo Tribunal "de Valladolid que arguyese al pro– t ervo Don Lope de Vera y habiéndole conc1uido, se levantó furioso y le <lió una gran bofetada, que llevó con suma paciencia y edificación de los circunstantes. Finalmente, abrasado en el amor divino y lleno de compasión a sus prójimos, con vivísimos deseos de ayudarles, solicitó el que se le alis– tase en esta apostólica misión; consiguiólo y, posponiendo todas las conv-eniencias -del re tiro d e su celda, renunció los oficios de Dedfinidor, Custodio y Guardián, que ocupaba en Valladolid, y pasó con los demás religiosos al Congo . En este reino trabajó tan fielmente como hemos visto hasta el año de 1648, en que pasó de esta vida a la e.terna a re– cibir -el pr-emio de sus grandes fatigas en eJ mes de noviembre, cerca de la festividad de San Andrés Apóstol. Después de· su dichoso trán– sito mostró Dios cuán aventajados fueron sus méritos por la revela– ción maravillosa que referiremos más adelante. De éste su siervo y sin– gular ornamento· <le nuestra Provincia de Castilla y de sus heroicos he- (78) SOLORZANO, De Ju.re Indiarn.m , lib. 2, cap. 16, núm. 30.

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