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LA MISIÓN DEL CONGO 237 'I 12.-Ftté sentidísima su muert,e ,de sus compañeros por haber per– dido un hermano tan santo y de tanta importancia para el ministerio de las misiones, E~1 quien tenían padre, doctor y consejero para todas sus nec,esida,des. Los cortesanos semejantemente conocieron la pérdida y celebraron sus exequias con copiosas y devotas lágrimas ; unos de– cían: «Ya murió nuestro padre y maestro, ya falleció el consuelo de la república»; otros no con menor aflicción repetían las mismas ende– chas, añadiendo: «Ya se aus,entó de nosotros el, padre de la patria, el maestro ele este rE'ino, el pacificador d,e nuestras discordias, el amparo de los pobr-es y el consuelo <l,e todos». En medio de su tristeza y de llanto tan universal, se consolaba 1a ge~te con 1a ,esperanza de tenerle en el cielo por protector y amparo. Y creyendo pi.11dosamente se halla– ba ya ,en posesión ele la gloria etE'rna, le r•epetían parabi,enes ' y s•e en– comendaban en sus ruegos y méritos, alegando cada uno los buenos oficios que de él habían recibido en vida para que s-e los continuase en adelante. 13.- Su vida fué de to,dos modos admirable; de ella podemos decir lo que San Máximo de San Eusebio Vercdense, que: Virtutum ef.us gratia 'l'llOn $.enmonibus e.;pone )n.da est sed Operibus comprobanda. Fué hijo de padres nobles y ricos, de la isla de Cerdeña. En la niñez se crió en todo t,emor de Dios, aprendió las primeras letras y descubrió tan aventajado ingenio, que lo ,dedicaron al estudio de las ciencias. Con este d esignio lo enviaron a la Universidad de Salamanca, a donde vivió algunos años; allí se portó con tal circunspección y recogimiento, que no sabfa más caUes que la de 1a iglesia y la del estudio. Estas frecuen– taba como únicamente neoesarias para vacar al ejercicio de las letras y entregarse a la piedad y devoción. En su trato y conv,ersaciones era mo<lestísimo ; compadecíase <l,e los pobres y los socorría •con liberali– dad; <libanle muy en rostro las 1esenvolturas de los otros condiscípu– los suyos y, temiendo inficionarse del veneno que sude comunicarse de las malas compañías, trató .de r-etirarse del todo del mundo. Su voca– ción a la religión fué singular y le sirvió de causa instrumE'ntaJ la cam– pana <lel convento cuando tocaba a media noche, cuyos golpes resona– ban en sus oí:clos y J.e parecía le decílan : «Vete, no te detengas , y acom– paña a mis siervos ,en mis alabanzas». 14.-Tomó el hábito de los Capuchinos en aquella ciudad y desde entonoes se entregó de veras a Dios y fué un vivo retrato de perfec– ción; su humildad fué profunda y tanto que sus mayores de'licias las tenía consignadas en el desprecio y abatimiento, Con ser insigne juris•
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