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MISIONES CAPUCHINAS llN A.FRICA 10.-Con este aviso, inflamado el caritativo Padre en celo de la glo– ria <le Dios, se sacrificó a la Majestad divina por la paz y quietud de sus prójimos y volvió a emprender el mismo viaje para Loanda con la celeridad que pedía la ms1,teria, y consiguientemente atropellando por mil incomodidades que le postraron grandemente las fuerzas. Premióle Dios su buen celo en conoederle lo que deseaba; trató las materias con singular prudencia y destreza y el gobernador se dió por satisfecho y aun le quedó muy af.ecto a ,dicho Padre y a sus santos compañeros por los buenos oficios que hacían en razón de la paz entre príncipes cristia– nos. Teniendo muy pr,esente el que poco antes hab~an r.ecibido los de su nación en 1a recuperación de la plaza, pues con el consejo e informe de los Padres Fr. Angel de Valencia y Fr. Juan Francisco de Roma, cuando pasaron al Brasil para traer sus embajadas al Papa y al Prín– cipe de Orange, el año precedente de 1647, se pr·evino la armada de los cinco bajeles y se lanzaron de aquellas c-ostas }os holandeses, cuya v,ecindad, por ser de herejes y enemigos de nuestra santa fe católica, era a todos molesta y perjudicial. 11.-Habiendo logrado dicho Padre los ajustes de la paz con el go– bernador (77), como era forzoso volv,er a informar al rey de todo lo tratado, sin reparar en lo dilatado del camino ni en que se hallaba ya enfermo, se puso en una red y luego sin dilación marchó para San Sal– vador. Acaeció este último viaje por el tiempo de las lluvias, que en aquel úempo comienzan a últimos de septiembre, qne es cuando fenece allá el invierno, y duran mucho tiempo. Con -este nuevo accidente y no secársele el hábito en todo el viaj,e, se le agravó la enfermedad. Co– menzáronle unas recias calenturas que le duraron un mes, y, aunque en la cor,te se le hicie:ron todos los remedios posib}es, al cabo le postró la enfermedad de suerte que rindio su espíritu al Creador brevemente, habiéndose dispuesto para ello con muchos actos heroicos de todas las virtudes con universal edificación del rey y de cuantos cortesanos se hallaron presentes a su tránsito y entierro. (77) Dichas paces se ajustaron en marzo y abril de 1649 entre Salvador Correa y los embajadores del rey del Congo García II: P. Domingo Cardoso, rector del colegio de la Compañía de Jesús en San Salvador ; P . Buenaventura de Cerdeña, Ca– puchino; Don Sebastián de Meneses y Don Sebastián Teles Barret Maniquinangua . Entre los artículos de .esas paces se concertaron los siguientes : «Que el rey de Congo no permita que ni castellanos ni holandeses moren o pasen por el reino a la reina Zinga. Que la comunicación ele, los Padres Capuchinos que moran en el Congo, con Roma, se haga por Portugal y .A:ngola.-Qtte el rey de Congo 110 consienta que a sus puertos venga navío alguno ele enemigos, particularmente de castellanos u ho• landeses sin su pasaporte» (Cfr. PAIVA MANSO, o. c.. pp. 200-202.-A rquivos de Angola, 2.ª serie, II, 1944, pp. 169-173).

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