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MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA ruaron las cargas y uno tras de otro comenzaron a caminar con tal velo– cidad, que el Padre, corriendo a toda prisa, aun no les pudo alcanzar, y aunque hizo todo lo posible , así/ por no perder la senda como porque i10 s,e las echasen entre algunas matas o pantanos, al cabo los •perdió de vista y a la falda de un montecillo se halló con ellas en el suelo, sin par•ecer por am negro alguno , quedando con la aflicción que se puede considerar en tierra tan intratable y poblada de fieras. 14.-Dió gracias a Dios por lo que le suoedía y, librando en su di– vina providencia el remedio, comenzó a rezar ví,speras. Apenas hubo dicho De1ts, in adjutorium meum intende, cuando, repentinamente y por camino no usado, le deparó su Majestad divina un hombre que dijo ser vecino de San Salvador, el cual nevaba una lanza en la mano, y en lengua portuguesa le preguntó qué hacía allí solo y con aquellac; cargas. El Padre le respondió, contándole lo que le h,bía suc,edido y el desconsuelo en que se hallaba. Sintió mucho el hombre el ruin modo de aquella gente, y como él era cortesano y la ,de la corte es más ur– bana y caritativa, le ofreció que iría luego a buscar negros que le acompañasen hasta la liba:ta. Fuése y al cabo de tres horas volvió con ellos. 15.-Tomaron éstos las cargas y las llevaron hasta un lugar del marquesado, a,donde los naturales usaron con <licho Padre de mucha caridad, regalándole lo mejor que pud1eron; que ,de esta suerte suele Dios acudir a sus siervos y ministros en semejantes ocasiones, convir– tiendo muchas veces los afanes y fatigas en alivio y refrigerio, para que, por una parte, no les falte ,eJ ejercicio de la crnz que van a buscar por su amor, y, por otra, no desfaUezcan las fuerzas para poderla lle– var, reservándoles para la otra vida el premio y descanso, que ha de durar por toda la eternidad. 16.-Finalment,e, por los lances hasta aquí mencionados, que les aca·ecieron a los Padres Fr . Gabrid de Valencia y Fr. Antonio de Te– ruel, a quienes dejamos ya fuera del ducado de Bata, podrá el piados:oi lector 1·econocer los que en tie'rra ;y gente semejantes les acaecerían a los demás misioneros que s•e hallaban en la misma ocupación en otras provincias. No se pueden fáci;fmente ajustar los suc 1 esos para hacer de ellos mención conse'cutivament,e; y, cuando se intentase, sería cosa muy prolija y cansada haber de ir discurriendo por cada uno de los misione– ros. Por obviar ese inco1wenient,e y que a la historia no le falte la sa– zón que le ·da la diversidad <l,e sujetos y sucesos, hab1ar,emos de aquí
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