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226 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA y sirviesen a sus propios párrocos en lo que pudiesen para que pasasen la vida decentemente. 8.-Casi al mismo tiempo que Uegó a la banza el sobredicho sacer– dote suce 1 dió que el duque de Bata tuvo orden del rey para que fuese a la corte; -el llamamiento se ordrnaba a que llevase el f.endo o tribu– to que acostumbraban pagar de tres en tres años los s•eñores de las provincias, los cuales recogen •en sus tesoros las contribuciones de los vasallos, y, en negando ,el plazo, las llevan -en p,ersona al rey con gran puntualidad y sin gastos tanto 1 en conducciones, ministros, ejecutor-es y contadurías, como suce-1de •en estos reinos de España. Arbitrio a la verdad digno de considerarse y que le propuso con ciertas modifica– c;iones en un manifiesto para alivio 1de los vasallos el Ilmo. Sr. D. An– tonio ,de Contreras, dd Consejo y Cámara de S. M., ministro gran– demente ce'loso de la gloria de Dios y del servicio d·el rey, cuyas ceni– zas yacen •en nuestro conv-errto de Segovia, que fundó a sus exp•ensas con religiosa magnificencia. 9.-Con esta ocasión se despobló toda la banza y la mayor parte de la provincia de Bata. Salió para su viaje el duque y con él todos los fidalgos acompañándole, a los cualies Ies corr~ la obligación de pa– gar respectivament•e y de acompañar a sus señor-es, y este viaje dura regularmente un año en ida y vuelta, y _lo hacen todos a costa de sus propias expensas. En <el ínterin se quedan las mujeres en sus casas . y se portan con tal r-ecato, que no salen de ellas hasta que vuelven los maridos. Por esta causa y ver que nadie acudía a las pláticas y ejer– cicios de la misión, ni ,habían de acudir en todo el año, dieron aviso los dos Pa-dres a quienes tocó esta provincia, al Prefecto, para que les señalase campo a donde trabajar en su ministerio . 10.-Con su informe resolvió el Prefecto que el P. Fr. Gabri 1 el de Valencia pasase al marquesado -de Encusu, a donde se hallaba entonces el P. Fr. José de Pernambuco, y que ,el P. Fr. Antonio de Teruel pa– sase al ,duca-do de Sundi, adonde asistían ,dos misioneros. Partióse, pues, ,el P. Fr. Gabriel a Encusu, que dista de Bata veinticinco leguas, y -el P. Fr. Antonio se ,encaminó a Sundi, que está más distante por la parte contraria. En este camino a Sundi está el señor~o de Matari ; go– be-rnábale por entone-es una s•eñora pariente del rey, a quien, por su gran nobkza, llamaban su hermana. Recibió esta señora al P. Fr. An– tonio con mucho agasajo y ,devoción, y le sucedió que, poco después de habers-e recogido, se comenzó a mover cierto ruido y griterío que le inquietaron notablement,e. Estando en este <lesv-elo el Padre y re-

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