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218 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA y bautizasen, y si a ésto•s les decían que pasasen con ellos a la pobla– ción vecina para catequizarlos con más espacio y convt niencia, res– pondÍan que no podían, que tratasen ele bautizarlos allí y que si no, ellos comerían sal, como los otros. 14.-Esta respuesta habían tomado, así de lo que habían oído se hacía en e1 bautismo, de poné'r sal en la boca, como del nombre que incautamente dieron al bautismo, por la ignorancia <le la lengua, los primeros que comenzaron a bautizar aquellas gentes .: de modo que, como hasta la entrada de los nuestros ni se hacía otra ceremonia que la ,de poner un grano de sal en la boca del párvulo o adulto, y después echarle el agua, diciendo las palabras qué' son la forma ele este Sa– cramento, dieron en llamar este santo labacro Ncuria Nniungua , que qui,ere decir comer sal.. Con esto la gente, como bozal y ruda, y más en estas naciones, juzgaba que, con comer sal, quedaban bautizados. 15.-En razón de esto le sucedió al P. Fr. Antonio de Teruel el caso siguiente. Llegóse a él un fidalgo, señor de vasallos y muy pre– ciado de discreto, el cual, presumiendo había hecho una cosa grande y que había ll evado al cielo un alma, Je dijo muy ufano: «Sepa Vues– tra Paternidad que he bautizado un niño muerto.» Conoció el Padre el desatino y, para scecarle de'l error en que estaba, le preguntó qué era lo que había hecho. Respondió que ponerle sal en la boca y decir- 1,e 1.as palabras : «Yo te bautizo», etc. Por esta causa, y para sacar la gente de este· error, procuraron los Padres introducir otro nombre, llamándole ba·utismo o lavatorio santo, y en esa conformidad lo pusie– ron en el catecismo y se lo hadan cantar después a .los niños, para que se' borrase el nombre de comer sal y éste le tuviesen en memoria. 16.-0tro trabajo padecían estos Padres y los demás en nada infe– rior al referido, y era qu:e, cuando habían de partir <le un lugar a otro , como ,era pre·ciso que ,el señor o gobernador · les diese gente que lle– vase la ropa de sacristía y algún maíz o raíces para sustentarse, en sa– biendo los negros que se acercaba la partida, cogían y se escondían por los bosques. por huir de ese trabajo. Esta era la paga y agradeci– miento ordinario ele aquella gente, después del trabajo que tenían con ellos en predicarles, bautizarlos, conf,esarlos y administrarles los <:hmás Sacramentos. En fin, la materia se disponía de suerte que era preciso haber de salir los señores o gobernadores a buscar1os por los campos, traerlos por !a fuerza , y solían ser las doce •del día cuando lle-gaban, tomaban las cargas, pero, como venían de mala gana, corrían con ,ellas,
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