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LA MISIÓN DEL CONGO 215 go se fueron a palacio· muy gustosos, y la demás ge'nt,e, ,edificada y advertida de lo que debían hacer en semej,antes ocasiones. 6.-Después ·de los días de la bo,da, hallándose los Padres recogi– dos en su hospicio, oyeron muchas voce's en su plazuela y, r-econocien– do tumultuaba la g,ente, saHeron a apaciguarla, ignorando lo que pa– saba. En saliendo vieron que la duquesa estaba en su red, esperando se juntasen los esclavos y esclavas de su servicio para marchar a la corte. Preguntaron la cau,sa de aquella novedad tan impensada y r,es– pondió muy sentida que el duque no la trataba con _la estimaci_ón que debía, porque no la vestía según su calidad, y que, enfadada de su tm– to, se iba a vii.vir a la. cort,e. Exhortáronla los Padres a que se dejas 1 e de tal inte·nto, y con buen modo la reduj-eron a palacio ; hablaron al_ duque y se compuso la discordia y después vivieron con mucha paz. A la verdad fué providencia de _Dios especial el que los Padres estu– vies,en ,tan a tiempo al suceso, pues, si no detienen a la duquesa, se hu– bieran seguido muchos disgustos entre el duque y el rey. 7.-Viéndose, pues, en tan limitados términos, trataron de salir a hacer misiones por toda la provincia. El P. Antonio de T,eruel, por ser de buena edad y mayo1· robustez que su compañero Fr. Gabri,el de Valencia, pudo hacerlas más continuas y dilatadas, si bien eJ Padr,e Fr. Gabriel, aunque maltratado de una larga enfermedad que había tenido, por ser muy fervoroso y celoso de l1a salvación de las almas, empr,endió cuantas pudo. Para ,est,e efecto les pareció ac,ertado pedirle al <luq1.1e una carta para los gobernadores y fidalgos de las poblaciones en orden a qu:e diesen el auxilio conv,enieinte para el mejor logro de su minist,erio ; híe:olo p-untualment,e y mandó a su s•ecretario escribiese al pie de la carta del rey las siguientes lineas en 1engua portuguesa : 8.--c-«f esús, Ma,ría. Sobr,e la carta que S. M. (Dios le guarde) me ha enviado, y al pi:e del d,espacho -en ,ella contenido aoerca d,e los Pa– dres Capuchinos que vienen a instruírnos •en santas costumbres y en los misterios sagrados de la fe católica romana, para que, estando fir– mes •en ella y viviendo cristianamente salv·emos nuestras almas, he acorda,do escribir estos renglones para satisfacer así a mi obligación como ·al afecto que a dichos Pa,dres profeso. Mando, pues, a los fidal– gos, coluntos y demás vasallos míos, de cualquier estado y condición que sean, que ej,ecuten y cumplan, como ve1°daderos hijos de la Iglesia y buenos cristianos, cuanto en la carta y ,despacho de S. M. se contie-

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