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214 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA 3.--Esta misa se cdebraba ordinariamente comenzando a la una y 'lledia de la tarde, valiéndose para ello d•e las facultades y privilegios, ;:>orque el duque y los fidalgos no se quedasen sin misa, y es el caso que solía ir tard·e a la igI,esia, y, porque pudiesen asistir a la misa y sermón, e-ra forzoso esperar a que fuese. Varias veces le advirtieron los Padres la incomodidad que les ocasionaba su pereza y aun a los fidalgos de su séquito, pero ni por eso ni por más recaudos que solían enviarle, no había forma de sacarle de su paso, dando siempre por ex– cusa d decir que se estaba vistiendo, siendo así que todo el vestuario se reducía a ponerse una camisa y una capa de bayeta. 4.-La causa d·é su tardanza, según se averiguó, consistía en que se a costaba a las dos y tres de la noche por vivir al revés de la gente racional y al uso diabóliico que s•e ha introducido en este último siglo, aun en Europa, entre los nobles, para hacer de la noche día y del dí'a noche, y conformar esta vanidad con el padre de las tinieblas, que se la ha sugerido poco a poco, no para mayor conveniencia, sino para su mayor ruina espiritual y t,emporal y pervertir en ellos el buen uso del tiempo y de la razón. Por esta causa se levantaba muy tarde; después, almorzaba despacio y cuando salía de palacio soHa ser la una. Con eso se dilataba el tiempo y las más de las vec,es acababan la misa a las tres de la tarde y, si no lograran 1a coyuntura para poder predicar, no e1·a fácil el conseguir que se juntaran a otra hora ni que los intérpretes asistiesen. De aquí resultaba que, cuando los Padres iban a tomar su pobre refección, era ya tardísimo, y con eso y el cansancio de los ejercicios precedentes y continuados recibran suma molestia. La cena o col,ación también solía ser tarde y, por falta de candil o velas, se servían de la luz ele los tizones, que son las bujias ordinarias del país. 5.-Pasa<los algunos días, se casó et duque con una sobrina del rey, y como fues•e costumbre o, más propiamente, introducción diabólica, llevar las novias a casa de sus maridos antes de desposars-e, a fin, como ellos ,dec~an, de e:x,perimentarse unos a otros los naturales y condicio– nes, por no llamarse a engaño y vivir perpetuamente disgustados, le clier;on a entender al duque cuán perniciosa costumbre era aquélla y cuán contra toda razón cristiana y pofüica y que convenía que S. E. procurase impedirla, yendo <lelante de todos con el buen ejemplo. Ofre– ció hacerlo y así 1 se dispuso que, en llegando a la banza 1a duquesa, la llevasen a la iglesia deJ hospicio, donde ~1 duque la esperó con su acom– pañamiento ; confesaron y comulgaron ambos y los desposaron y lue-
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