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206 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA 3.-A las penalidades comunes de hambre, s•ed, cansancio, vigilias y excesivos calores, se allegaban muchas veces calumnias, desprecios y persecuciones, que son las margaritas y piedras preciosas con que se esmalta ordinariamente el ministerio apostólico y con que se aviva el celo y fe•rvor de los que la ejercitan; en razón de lo cual decía ell Apósto'l: 111ale•dicimur et benedicimus; persecutionem patim1w et sus– tiniemus; Masphemamur et obsecramus (71), y Santiago en su Epís– tola canónica: Omne gaudiwm e.vistimiaie, fratres niei, cum in tenta– tione.s. vMias incid 1 eritis (72). De esto se irá diciendo más en particular conforme fuere ocurriendo ; singularmente notaremos ahora lo que les ocurrió a los dos Padre's que fueron al ducado de Bata, a medida de lo cual se puede entender lo que 1es sucedió a los demás por haber poca diferencia en los países y menos en las costumbres de la gente. 4.-Tocóles, según se ha dicho, esta provincia <le Bata a los Padres Fr. Antonio de Teruel y Fr. Gabriel de Valencia, cuya banza o ciu– dad principa1 está distante de San Salvador cuarenta leguas, y en ella, como en propia libata, reside ordinariamente el duque. Apenas se apartaron de la corte como dos jornadas, cuando salió a recibirlos innumerable gente con niños y adultos para que los bautizasen, los cuales hacfa muchos años que no habían visto sacerdote alguno 1.:·n su tierra. Muchas veces sucedió juntarse para este efecto más de doscientas personas, entr•e pequeños y grandes, y de esta suerte a cada paso hallaban tropas de gente que salía a buscarlos al camino movidos de las noticias que corrí'an y ,del celo y piedad con que los recibían a todos en cualquier parte que' los encontraban. 5.-Llegaron finalmente a Gongo de Bata, lugar adonde, por causa de las ferias que allí se hacen, es grande el concurso de 1a gente, no sólo de la misma provincia sino de' otras de gentil,es ; y aun fos por– tugeses las suelen frecuentar por hallar allí los géneros que comercian con más conveniencia que en otras partes. En esta población hallaron un sacerdote portugués que hacía oficio de cura ; hallábase muy e·n– fermo y casi desahuciado de remedio ; fueron los Padres a visitarle y a pedirle licencia para bautizar y administrar los demás Sacramentos, y é1 se la concedió con mucho agrado y les suplicó con muchas lá– grimas le asistiesen en su enfermedad, pues conoCÍia se acercaba su muerte y que Dios se los había enviado para su mayor consue1o. Con- (71) I Corint.. 4, 12-1/J. (72) Jac., 1, 2.

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