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2ó2 MISIONES CAPUCHlNAS EN ÁFRICA ras, me ordena que, como vuestro rey y legítimo señor que soy, os mande lo que en este mi decreto os escribo y, como hijo obediente a sus pr,eceptos, os lo anuncio y notifico para que así lo tengáis en– t,endido y procuréis observar con el mismo rendimiento. Finalmente, hijos mios, como vuestro padr,e, rey .y señor natural, deseo grande– mente que seais buenos cristianos para que os libréis de las penas del infierno y gozéis para siempr,e' <le la gloria en compañía de los bien– aventurados y principalmente <le la siempre Virgen María y de su san– tí'éimo Hijo Jesucristo y de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Es– píritu Santo, que es un solo Dios que vive y reina para siempre, cuya es la honra y gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.-Fe– cha e'n nuestra corte de San Salvador, a 19 de septiembre de 1648.– El rey, Don García» (70). 20.-Con esta carta de favor, y principalmente con el auxilio di– vino, salieron los Padres nombrados ,de la corte a s,embrar la pa!abr'a evangélica por las provincias del reino, llevando cada uno su intér- . pr.ete para poder ejercer su ministerio con más conveniencia y utilidad de los natura:le~. Desde aquí les iremos siguiendo los pasos y discu– rriendo por la misión ,de cada uno, según nos lo permitiere' la varie– dad de los sucesos y ocurrencias, que fueron tales y tan notables, que no es posible dejar de cortar el hilo muchas veces e introducir varias digresiones, si no es faltando a lo sustancial de la historia. (70) Cfr., dicha carta en su original portugués en PAIVA MANSO, o. e,, pp, 197-199,

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