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MISIONE$ CAPUCHiNAS EN ÁFRICA s10n de las almas, sembrando poco a poco en sus ammos discordias y comenzando esta peste por la contrariedad de ,dictámenes. Terrible tentación es ésta y tanto que ha causado en el mundo inexplicabJes daños ; bastaba para conocerla y huír dé' ella ver que se ordena a des– truir y que en todo se opone a la caridad, cuyo empleo es unir, cbn– cor<lar y fortificar lo unido. A eso tiró Satanás la noche de la cena, cuando, como refiere San Lucas, comenzaron los Apóstoles a conten– der quién había de sucederle a Cristo en la superioridad: Pacta est autem et co<ntent-io inter eos, quis eorum videre\tur esse majar (63). P,ero ocurrió vigilante el divino Pastor al <laño que se comenzaba a fra– guar, y así cesó y no pasó adelante por haberla atajado muy a los principios: Simon, Simon, ecce Satanas expetivít vos ut cribaret svcurt triticum, ego autem rogavi pto te, añadiendo para su instrucción y de los demás superiores: Et tii aliquando corwersus, confirrn-a fr,it,res t1ws. 9.-«Detente era, al parecer, en la ocas10n, la propuesta, mayor– ment•e estando tan próxima la muerte de Cristo Señor nuestro, pero Satanás no echó la especie porque él deseas,e que quedase la Iglesia con éste o el otro superior, sino porque por ese medio daba principio a la desunión y variedad de dictámenes para dividirlos, e impedía por ese medio los insignes progresos que habí1an de hacer en adelante uni– dos en espíritu. El contraveneno <le e'sta tentación nos lo descubrió nuestro sapientísimo Médico, y así dijo: Qui majar est in vobis, fiat sicu1t minar, et q1ú1 praecessor est, sicut ministmtor (64). Arreglán– dono s, pues, todos a este consejo, , hallaremos el acierto, 110 tendrá lugar la trntación en dafro de las pobres almas y siendo pocos en número podr,emos trabajar por muchos. 10.-«Por tanto, les ruego, Padres carísimos, que no haya entre vosotros tergiversaciones: a una misma vocación somos llamados, a un mismo dm~ño servimos, y así: Alter alterius onera portate et sfr adimjJlebitis legon Cliristi (65). Este es el blanco adonde se ender,e– zan nuestros deseos y pensamientos, y d·e la 1-egítima observancia de estos ,dos tan saludables preceptos pende el total acierto d·e nuestras operaciones: Diligeis Dominum Deum tuum ex todo carde tuo et ex tata anima tua et e,-i; tata, mente tu.a. Diliges pro:~im-um tmnn sicitt (63) Luc., 22, 24, Hl-32. (64) Lttc., 22, 2H. (65) Galat., 6, 2.
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