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Júntanse todos los m1s10neros para repartirse por las provincias del reino; háceles una breve exhortación el Prefecto, alentándoles a los trabajos; destina los que han de ir fuera de la corte y manda el rey que lleven una carta suya para que en todas partes los admitan y asistan con lo necesario. l.-Hallándose ya buenos los religiosos de su última enfermedad y todos con vivas ansias de comenzar a ejercitar sus fervorosos deseos en ·beneficio de las almas, se trató luego de que se repartiesen por las pro– vincias principales ,del reino para ,darle a un mismo tiempo la labor y cultura evangélica que necesitaba y a que iban destinados. Juntáronse, pues, para este efecto un día en 1a iglesia y, después de larga oración, en que suplicaron a nuestro Señor les encaminase por donde fo.ese más de su agrado y util.ida<l de las almas, se sometieron todos con humil– dad y resignación a la disposición del Prefecto para que hicies·e el r.e– partimiento según y como le pareciese convenía. 2.-V~endo su fervor y rendimiento, le's significó cuán edificado se hallaba y aun confuso, pues, habiéndole Dios asignado por su cabeza y superior, reconocía serles muy inferior en el esp~ritu y virtudes ; mas que fiaba mucho de su Majestad santísima que, por medio de sus ora– ciones y consejo, le daría luz para •el mejor acierto en su gobierno. Des– de aquí prosiguió diciendo: «Ya, Padres y Hermanos amantíiSimo3, sa– béis el orden que tenemos <lel Sumo Pontífice y de la Sacra Congrega· ción: la confianza que ha hecho de nosotros como de verdadero,; hijos de la santa Iglesia romana, y la obligadón que nos corre de trabajar fielmente en la viña ,evangélica, así para no d,egene'rar del honroso tí– tulo ele hijos legutimos de tal madre, como para satisfacer debidament e

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