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MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA que no moviese el demonio contra su persona para consternar su pa– ciencia en virtud de la permisión divina que la expuso a ese examen para mayor exaltación suya y gloria de su Majestad, así también no hubo trabajo que no padeciesen, ni piedra que dejas•e de mover contra esta misión Satanás y sus secuaces ; pero al fin venció Dios, y la ver– dad triunfó de la mentira y todo redundó en mayor crédito y estima– ción de los seráficos obreros. No podía suce-der otra cosa, haciendo como hacían la causa d·é.' Dios a tanta costa, pues: Scimus autem q1t0- niam dilige.ntibus Deum, omn-va coope'tl'antur in bonum (52). 15.-En habiendo convalecido todos, fueron de comunidad a besar la mano al rey ; recibiólos con la estimación y, reverencia que varias veces hemos dicho. Después les mandó s,entar y discurrió un rato con ellos sobre varias materias; -díjoles, por último, el Prefecto que allí! los tenía S. M . a todos, dispuestos ya para salir por el reino y sus provin– cias a las misiones y que sólo esperaban su beneplácito. Agradeció mu– cho esta atención y no sin lágrimas: que no sabía con qué recompen– sar a la Religión aquel favor que le hada y a todos sus vasallos, y es– pecialmente al Papa, por la solicitud con que miraba por las ovejas de su reino con amor tan de padre; añadió más, y dijo que acabasen de convalecer bien y que después tratarí\a con él el punto y determinarían lo que se debía hacer (53). (52) Rom., 8, 28. (53) Los PP. Teruel y Pernambuco y más tarde el P. Jerónimo de Montesar– chio, Antonio de 1fonteprandone y Gabriel de Valencia fueron destinados a San Sal– vador donde se había establecido una a modo de academia, bajo la dirección de Robo– redo, -con el fin de que los misioneros se impusiesen en la lengua del país (Cfr. PA– DRE HILDEBRAND, o. c., p . 261, y nuestro estudio Los Capuchinos espaííoles en el Coitgo y el p1·imcr dicciona.rio congolés, en Mission:alia Hispanica , II (1945) , p. 214).

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