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LA MISIÓN DEL CONGO dos. Los trabajos que padecieron en él los dos caminantes no son pon– derables ; sola la paciencia pudo darles algún alivio y aliento librado en la ,esperanza del premio ,eterno. Con todo eso, la providencia del Al– tísimo, que siempre lo atiende todo y nunca envía mayor trabajo dél que con su ayuda se pueda soportar, templó de tal suerte su fatiga, que · ' pudi<esen alternativamerrbe socornerse el uno al otro ; de forma que el día que el uno tenia la terciana, •el otro estaba libre de ella, y de esa suerte se fueron sirvi,endo y ayudando d uno al otro hasta llegar a la corte. 7.-En el discurso de'l vtaJe les sucedió llegar a la libata de cierta señora, hija del rey, según le dijeron, y, habfondo salido el P. Fr. An– tonio a buscar por ella algún socorro, halló en el campo algunas matas de pepinos, cogió media docena y, viendo ocupados unos negros en co– cer unas hierbas, se los dió para que s,e los cociesen con ellas ; tanta fué su necesidad y falta de sustento. Tomó luego sus pepinos y se ftté a la <:hoza adonde dejó a!I .compañero con la terciana ; iba muy con– tento y dando gracias a Dios por haber hallado aquella fruta, aunque tan poco a propósito para enfermos ; y, antes de llegar a la choza, le salió al camino un negro, que le puso en la mano una gallina sin ha– blarle palabra ni hacer otra acción que dejársda y escaparse, al cual jamás volviró a ver. 8.-Tuvo dicho Padre \este suceso por especial favor de la divina providencia y s,e hace más notable y prodigioso si se nota 1 entre otras, la circunstancia de que aquella gente no suele ofrecer de comer a quien no conoce, antes, si se les pide algo, responden luego diciendo : Paga, 111H!mto, pagame.nto, palabra que han aprendido de los portugueses que comercian por allá ; y aun era necesario dades alguna medalla o cruz de Caravaca cuando se les ofrecía a los Padres haber menester alguna cosa por mínima que fuese. 9.-Con este socorro tan oportuno se r emediaron los dos enfermos aquel día y el siguiente ; después les fué a ver la señora d,e la libata y les regaló con unas cañas_dulces de que abunda aquel territorio. Supie– ron cómo no era hija del rey, si,no una señora de gran calidad, la cual, como también otras personas semejantes, asít hombres como mujeres; acostumbran llamars,e hijos ,del rey por s,eñal y distintivo de su gran noblieza. Desde esta l'ibata pasaron ;dichos Padres a otra y en ella ,en– contraron alguna gente ,que enviaba el rey para conducirlos a la corte en virtud de la notida que había recibido de su partida de Soño .

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