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LA MISIÓN DEL CONGO los demás negros. Procuraron tomar el puerto de Cartagena, mas no fué posible a causa de una recísima tormenta que se levantó y duró más de veinticuatro horas; con eso enderezaron Ja proa para Puertove!o, qu,e dista de Cartagena ochenta leguas. Luego, al quer,er entrar la nao en el puer to, acertó a pasar la capitana de la escuadra de Cartagena y , sabiendo de los que iban en ella, cómo se hallaban allí los gaJeones de España, dispuso el P. Fr. Juan el pasarse a la capitana y con eso dejó su navío en Puertovelo y él pasó a Cartagena. 19.-En esta ciudad, siempre devotísima de la Orden, encontró mu– chas personas de todos estados, que a porfía solicitaban el llevarl,e a sus casas para curarle y regaJark. En el í111terin que se d-e'spachaban los gal-eones se repuso algo de las fatigas de su navegación y 1e llegó el aviso de cómo el navío inglés, en que pa<le 1 óó por Dios tantos tra– bajos y ejercitó tantas obras de piedad, luego que entró en el puerto y <lió fondo, se fué a pique sin poderlo remediar, aunque sin pérdida de persona alguna. Donde se descubre otra nueva maravilla con que s,e esmaltan las demás y se nos manifiesta le conservó Dios con síngularí– sima provid-encia hasta Uegar al puerto su fi.delísimo siervo y gran ce– lador de su honra y gloria y de la salvación de sus prójimos (46). 20.-Califícase esto mismo con lo que acaeció a 1.as demás embar– caciones, pues en el discurso del viaje para Cartágena, que duró un año, se fué a fondo la fragata y el pingüe que cogieron a los holand,e– s-es. El mismo francés que apresaron cerca de las Canarias s·e quemó y también otra fragata ; la saetía se 11,egó a maltratar de tal suerte, que la dejaron por ii;\¡ítil. Con que se vino a deshac,er como humo toda aque– lla escuadra y s~ perdió cuanto habían gastado sus dueños en ap~·est~r– la; pero por otro\ camino les proveyó ;Dios de remedio y convem~nc1as suficientes, res,erv~1doles el premio principal del buen celo y caridad con que llevaron a los misioneros, para la otra vida, como se d!(é!be es– perar de su infinita bondad, pues es máxima especial de su divina pro– videncia pr-emiar en esta vida un trabajo grande con otros mayores, para que <le ,esa snerte se aumente el mérito y cr,ezca el premio. (46) El P. Santiago salió de Pinda el 13 de abril de 1648 y llegó a Cartagena de Indias el 16 de abril de 1649; allí se encontró con varios religiosos capuchinos, unos de la P.rovincia de Andalucía y otros de la de Castilla, los cuales habían llegado ha– cía poco tiempo, después de dejar la misión de Guinea, que se les había encomen– dado en 1646, por no haber querido los de aquellos reinos admitir la misión. Cuatro de ellos se embarcaron con el P. Santiago, lleg·ando a España en septiembre de 1649 (Cfr. Ms. del P. Santiago, p. 183 ss.).
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