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MÍSIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA mucho de que el dueño de la i,sla no hubies,e buscado alguno para dia, pues era posesión suya y la disfrutaba cada año. 16.-Por otra parte se alegró mucho de que Dios le hubiese condu– cido allí para su remedio. Comenzó su misión y en las pláticas 1es ex– hortó a ,de jar los vicios y especialmente los amancebami,entos, que es el común despeñad,ero de aquellas naciones ; mandóles se preparasen para hac·er cada uno confesión general y para la Sagrada Comunión, y que, pues Dios les enviaba tan buena ocasión, procurasen lograrla y vivir de allí adelante con santo t•emor suyo ; que no se excusase na– die de llegar a sus pies, pues a todas horas , de día y de noche, k ha– llarían en Ja iglesia para oírlos de penit,encia y doctrinarlos, lo cual cum– plió, tomando muy pocas horas para el reposo de su persona y mucho s achaques. 17.-Confesaron y comulgaron todos con seíiales de grande arre– pentimi,ento d·e sus culpas y -después bautizó los párvulos, que eran más de doscientos, y suc E:'sivamente casó a todo s los que vivían amanceba– dos y •eran capaces de contraer matrimonio, que en todos fueron seten– ta. Hízoles una fervorosa plática al tiempo ele despedirse, exhortándo– los a la persev,erancia en el bien. Sintieron mucho su partida y la solem– nizaron con hartas lágrimas por ver cuán poco les había durado aque– lla dicha. Acompañóles en ellas el buen Padre, considerando la orfan– dad de tantas almas redimidas con la preciosa sangre de J esucristo . Socorriéronle para el viaje liberalmente con lo que pudi•eron de su cor– t,edad de frutos; diéronle cincuenta gallinas y otras cosas comestibles y a propósito para los enfermos, con las cuales se remE:!diaron los en– fermos del navío, manifestándose aun en esto la paternal providencia ele D ios y el cuidado que tiene de los suyos en todas ,parbes. Con e'l in-· forme que hizo después a la Sacra Cong regación se proveyó de Capu– chinos para que cuidasen de la g ente de e:sta isla, como hasta hoy lo haoen (45). 18.-Desde esta isla fueron at ravesando el golfo referido y llegaron a dar vista a Cartag,ena, aunque con pérdida de nueva genti:· que pe– reció en la epid,emia que padeóeron <lesde el principio , pues, entre blan– cos y negros , pasaron de más de quinirntos: los cincuenta blancos y (45) La relación tanta s veces citada del P. Juan de Santiago no es sino una re– copilación «de una relación muy dilatada que el P. Fr. Buenaventura de Alessano me mandó remitir a la Sacra Congregaci ón ele Fíele Propaganda» (Ms. c., p. 8, dedica toria). Dicho informe lato enviado a la Congregación no se ha log rado encontrar.
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