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LA MISIÓN DEL CONGO que hacía, era necesario dades. de noche y de día a dos bombas de rue– da. Con este riesgo tan manifiesto se aventuró el •Capitán a pasar un golfo de más de mil y ochocientas leguas para ir a Cartagena de las Indias, fia,do únicamente en la Providencia divina y en que, si no toma– ba ·esa resolución, al parecer de muchos temeraria, era forzoso quedar– se todos en aquella tierra de gentiles hasta per,ecer de hambre y s•er pasto de aquellos bárbaros, los cuales comúnmente se sustentan de carne humana. 13.-Continuaron, pu.es , su viaje•, y como Dios nuestro Señor había tomado ,en él al P. Fr. Juan de Santiago por instrumento para el re– medio· espiritual y saJvación de muchas almas, dispuso su providencia que cerca de la línea descubrieron la isla de Añobón, vecina de la de Santo Tomé, y que, ,por ir tan faltos de mantenimientos, arribasen a ella para tomar algún refoesco. Dieron fondo el dia de la Purificación de Nuestra Señora, y pareciéndole a dicho Padre que no dejaría de ha– ber que purificar en las conciencias de aquellos isleños, por ser paraje remoto, guiado d,e .impulso particular, se resolvió a saltar ,en tierra para ayudarlos en lo que pudiese. 14:.-Conoció Juego la gran necesida,d espiritual que tenían, pues, ap,enas puso los pies en tierra, cuando salí<'.> la gente a recibirle y se pusi,eron todos de rodiHas, pidiéndole la _bendición y que les di,e'se a adorar el Santo Crucifijo que llevaba en ·el pecho. Todos, Jos de la isla son negros y todos hablan portugués; con eso, y no pasar de quinien– tas las personas que residían en dla, por ser pequeña y ,de solas cinco Ieguas d,e ámbito, y la propiedad y v,ecinos de un fidalgo de Lisboa, cuyos esclavos eran todos, se alentó el P. Fr. Juan a hacerles algunas pláticas y a confesarlos a todos, para cuyo efecto dedicó dos días, que era cuanto podía hacer mientras la gente dd navÍio s-e refoescaba para proseguir el viaje. 15.-Llevaron después al Padre a casa ,del Gobernador que era un portugués, y él l,e recibió con toda urbanidad, cel,ebrando su llegada no con menor júbilo que los negrcis; díjole cómo todos eran cristia– nos, pero, tan depauperados de socorro ,espiritual, que había años que carecían de sacerdote y de qui-en l,es pudiese ,enseñar la -,doctrina cris– tiana, y que lo peor del caso -era que vivían sin esperanza de r,emedio desde que los holandeses s,e hab~an apoderado de la isla de Santo To– mé. Enternecióse el buen religioso oy,endo estas cosas y, acordándos-c de la sobra que hay de ministros evangélicos en Portugal, se admiró

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