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180 MISIONES CAPUCHINAS EN Á-J?RICA tura la cogieron en algún navío de los que suelen perecer a la entrada del río. 9.-De estos errores y barbari<lades encontró mucho el P. Fr. Juan en las ocasiones que saltó en tierra en las riberas del Calamar y, entr-e otras notables, encontró la siguiente. Reparó, pues, que una negra, muy vieja y consumida, llevaba al cuello una argolla de hierro, que pesaba más de catorce libras, que es el rescate que daban por cada negro, y, preguntándola que a qué propósito trafa aquella argolla, respondió que para que la sirviese d-e rescate en la otra vida ; que para eso la traía desde muchos años antes y la había de llevar hasta su muerte sin qui– társ,ela de noche ni de día. Admiróse el buen religioso y le causó gran– de -dolor ve'r que hubi,ese quien sirviese al demonio . con tan dura peni– tencia y que tendrá por premio un penar eterno; hizo lo posible para desengañarla y reducirla a la fe, mas no tuvo remedio. 10.-0tros mártires del demonÍ'o, casi de la misma calidad, encon– tró dicho Padl."e en la tierra Alba, que llaman de los Embois, poco dis– tante del río del Calamar, donde se retiró el navío para hacer aguada y socorrerse de leña. Vió muchos negros que llegaban a bordo del na– vío a vender pescado, huevos y otros mantenimientos, todos los cua1ies estaban •circuncidados y llevaban diferentes invenciones ridículas. Unos tenían agujereadas las narioes y atravesadas en ellas unas varitas del– gadas ·dE.'l tamaño de un palmo, sin tener •en ello otra conveniencia que el dolor que les causaba y hacer aquel a!arde. 11.-0tros tenían limados los dientes y tan agudos como los pe– rros. Otros traían formada E.'n las carnes una como banda de cicatrices gruesas y relevadas que les cogía los hombros, los pechos y las espa1- das. De •esta misma gala iban adornadas las mujeres, pero con la dife– r,encia de ser las sajaduras muy menudas y en todo el cuerpo, forman– do con ellas diferentes labores . Del pelo, que lo tienen muy crecido, haoen otr_os mil labores muy extraordinarios, y con estos usos y trajes mezclan mil torpezas indignas ,de pronunciarse. De todo lo cual se vale el demonio para su ruina y perdición, y con estos desatinos los tiene tan ciegos, que andan como enajenados y fuera de sr. 12.-Pero volviendo a nuestros nav,egantes, y cesando en la digre– sión incidente, estuvieron, según se ha dicho, ocupados ocho meses en el rescate de los esclavos, y aunque necesitaban -de más tiempo para cargar, la falta de víveres obligó al capitán a hacerse a la vela, sin em– bargo de estar rota la nao y tan mal parada, que, para sacar eJ agua
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