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CAPÍTULO VII .«PERO A CUANTOS LA RECIBIERON... » Jesucristo fue desde el princ1p10 y sigue s:.endo el signo de contra– dicción entre los hombres: «Puesto está este niño -se ~e dijo a la madre cuando lo presentó en el templo- para caída y para elevación de muchos en Israel. Será ocasión o causa de ouchos enfrentamientos ... para que se revelen los pensamientos íntim:::>s de un gran número» (Le. 2, 34-35). Desde esta profecía puede entenderse mejor la gran síntesis histó- , rica del cuarto evangelista: «El mundo estaba hecho por El; pero el mundo no le reconoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron» ... les ha ido colmando de bienes, empe– zando por abrirles a la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios (Jn. 1, 10-12) ... También a la Virgen Madre alcanza esto de ser «signo de contra– dicción». Muchos se han encontrado y se encuentran en Ella. Muchos han chocado y chocan con Ella. Y siempre, de forma harto misteriosa, difícil de explicar. .. A los que de verdad la buscaban en Garabandal (mientras otros no salían de sus recelos o desafección), también Ella fue colmando de bienes, a través de fenómenos que exigían mucha humildad y sencillez de corazón. Las «negaciones» de Conchita en Santander no tuvieron repercusión alguna de merma en las bondades de la Madre; antes bien, pareció volcarse más que nunca sobre la a~dea escogida. Y así, ese mismo día 3 de agosto, en que ella «negaba»...

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