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Se fue con prisas a la mor:.taña 467 Dos días más tarde, sábado, fiesta de la ::nmaculada, era la fiesta mariana más solemne y mejor guardada en España. Era, además, la fiesta onomástica de Conchita. Casi en el comienzo mismo del día, a las tres de la mañana, la niña fue favorecida con un éxtasis. Se recogió en magnetófono parte de lo que ella decía en diálogo con la aparición. Algunas cosas son de un sorprendente infantiLsmo, si tenemos en cuen– ta sus trece años bien cumplidos. Por ejemplo, y a propósito del Niño que esta vez debía de traer la Virgen: «Hoy me trajeron un niñín, que no se parece a ése que traes Tú... Pero ¡cuánto hace que no venías con el nene! ¡No ha engordau nada! ¡Mira, está igual que estaba... ¿Onde ha estao? ¿Onde ha estao? ... ¡Ah! ... Cuando no viene el nene, ¿dónde está posao? ¿En el cielo? ¿En alguna cuna?... ¡Halá! Pero Tú no puedes estar aquí y allí! Mira que ... D Al lado de cosas tan «infantiles» y de expresiones que no hay manera de entender, se oyeron · también palabras en evidente relación con el milagro; pero no aportaron nada nuevo, al quedar en el aire, sin su natural complemento y explicación, que sería lo dicho por la misteriosa interlocutora.-«Tengo unas ganas de que llegue ese día, pa. decilo... ¿Sabes por qué tengo ganas de que llegue ese día? La gente no lo cree... ¡Ah! ¿Después vendrá el milagro, cuando no crea casi nadie?... ¿Una semana bastará?... La gente, ¿cuán– do te verá?» 3 El tema der milagro es algo que llena el ambiente de Garabandal en estas postreras semanas de 1962. Las notas de don Valentín, que acaban precisamente por estas fechas, dan casi como último dato: «Este día 15 de diciembre, Conchita dijo a Mercedes Salisachs( la cono– cida escritora de Barcelona), que un señor, totalmente paralítico, se curará el día del milagro, esté donde esté.» 4 En un ambiente así, ¿cómo pudo producirse la fuerte crisis que bien pronto desmantelaría no pocos entusiasmos y esperanzas? Cansancio y decepción El 28 de diciembre, Maximina escribe a doña Eloísa de la Roza Ve– larde, la cuñada del doctor Ortiz; al lado de lamentaciones sobre lo »Cuando estaba ya normal, dijo que el documento que el doctor de Santander le había hecho firmar -declarando que las apariciones eran falsas y que ella estaba loca-, que desaparecerá por orden de la V'.rgen. »También dijo que casi ninguna persona creerá en Garabandal poco antes del Milagro...» 3 Una joven señora de Madrid, la señora de Larrauri (Paloma Fernández-Pacheco), estaba presente aquel día en Garabandal con su marido; me ha escrito algunas precisiones: . . «El niñín de que hablaba Conchíta en éxtasis es un Niño Jesús de Navidad que yo llevé. La cinta de magnetófono que recogió su conservación la llevé yo misma a los laboratorios de NO-DO; es bastante larga, y alguna vez parece oírse la voz de la Virgen. En NO-DO me dijeron que había allí d•:>s voces; pero que no estaban a un mismo nivel, sino como en muy distinto tono o altura (no recuerdo bien las palabras técnicas que emplearon). Estaban muy ex-trañados... 4 También el señor Clapes Maymó confirma este dato: En la madrugada del día 10 «C.onchita tuvo éxtasis de 5,27 a 5,37 (diez minutos)... La acompañaban la señora' Salisachs (doña Mercedes), una señora amiga, Félix (el ex seminarista bil– baíno) un chico de Colunga (Asturias) y el conductor de la señora Salisachs... Dijo que u~ chico paralítico -conocido de dicha señora-, por el que le habían pedido que rogara, curaría esté donde esté» (se entiende, el día del Milagro).
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