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Se fue con prisas a la montaña 397 -dije para mí-. ¡Esta sí que es gorda: si aquí ~o se ve nada! Y al decir– me esto, yo iluminaba con mi linterna todo el interior de la boca... De pronto, sin que la niña hubiera movido en absoluto su lengua, de la forma más inexplicable, apareció sobre ella, como si brotara repentinamente, una cosa blanca y redonda, que parecía crecer... No sé lo que duró aque– llo; tal vez dos o tres minutos.» La misma meticulosa comprobación que Pepe Díez, pudo hacer el que estaba al o_tro lado de la niña, Miguel, su hermano. Serafín, el mayor, no había podido acudir a Garabandal para la jornada del 18 de julio, pero regresó uno de quellos días; Miguel salió a esperarle, y tan pronto como se encontraron los dos hermanos, saltó la pregunta: -¿Qué pasó con el milagro de la forma? -Te juro que fue verdad. Yo lo vi. Vi perfectamente cómo sacó la lengua limpia, sin nada; y sin meterla para adentro, le brotó de pronto _ una hostia blanca. -¿Estás bien seguro? -Completamente. Te juro que fue así. -Bien, me basta con que tú lo digas. En fecha bastante posterior, durante una de las estancias del P. Laf– fineur 56 en Garabandal, éste y Serafín hablaban del milagro de la forma, y de sus testigos más inmediatos ... P. LAFFINEUR. - Para mí, el verdadero testigo es ~ ~pe Díez. SERAFÍN. - No lo discuto; pero para mí, el verdadero testigo es Mi– guel, mi hermano. Quizá para usted no lo sea tanto, por ser el hermano de Conchita... Per:o mire: allá en los prados, a donde tenemos que subir a trabajar, Miguel y yo hemos hablado muchas veces de ese milagro; siempre me ha dicho que lo vio perfectamente, que el milagro fue verdad. El sujetaba a Conchita por un brazo y Pepe Díez por el otro, cuando ella cayó de rodillas para la comunión. «Todo el honor de la familia está comprometido a propósito de la verdad de ese suceso. Miguel lo sabe, y dado su carácter, si lo mantiene con tanta firmeza, en contra de la opinión de tanta gente, es porque está bien seguro de que allí no hubo ningún engaño 57 .» A pesar de todo, ni Miguel ni Pepe Díez han contado nada para la Comisión episcopal. .. Como nada han contado tampoco otros dos testigos de excepción: un labriego del país, Benjamín Gómez, y un industrial de ciudad lejana, Alejandro Damians. El primero de estos hombres, Benjamín Gómez, no era fácil para los entusiasmos religiosos, pues según confiesa él 58 , «yo, antes de esto de Garabandal no era el que ahora soy. No vamos a decir que no creyera en Dios, pues alguna vez pensaba en esas cosas; pero las daba de lado, como si no tuvieran importancia. ¿Fueron los años? ¿Fue mi poca cabeza? El 56 Ya es conocido de los lectores este sacerdote belga, domiciliado en Francia y fallecido el 28 de noviembre de 1970. 57 Declaración del P. Laffineur en una conferencia-coloquio habida en Zaragoza el 8 de diciembre de 1968. " Benjamín Gómez ha referido más de una vez, pero casi con las mismas pa– labras, su extraordinaria experiencia de Garabandal. Aquí seguimos el relato que tiene recogido en cinta magnetofónica un señor de Santander.

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