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96 Acabamos de ver en el capítulo anterior cómo por el mes de julio de 1961, lo extraordinario, lo más extraordinario, se hizo realidad cotidiapa para los hombres en un rincón de la bravía Cordillera Cantábrica. Mediante la cotidianidad de sus gracias de excepción, la Virgen, según la palabras de su Magnificat, fue colmando de bienes a quienes «la reci– bieron», haciéndoles vivir como nunca la realidad maravillosa de ser hijos de Dios e hijos suyos. Actuaba abiertamente en plan de Madre y Maestra; mas no a todos alcanzaba por igual su acción. A la mul– titud la adoctrinaba más bien en forma indirecta, a través de fenó– menos que las gentes no podían explicarse, pero ante los cuales sentían un religioso respeto; por esos fenómenos entraban muchos en comunión viva con un mundo superior, que hasta entonces había tenido quizá muy escasa gravitación en su vivir. A las cuatro escogidas, sin embargo, les daba Ella lecciones directísimas, casi todos los días; y no rara vez, hasta dos y más lecciones por jornada... ¿Por qué precisamente a ellas? ¿Qué mérito tenían sobre otras u otros? A quien esto pregunte, yo le invito a preguntarse más a fondo: ¿Por qué Jesús, de eptre los muchos que ya venían mostrándose como entusiastas discípulos suyos, escogió sólo doce para hacerles sus após– toles, y precisamente a los doce cuyos nombres ahora todos conocemos? Responde el evangelista: «Habiendo subido al monte, llamó a sí a los que El quiso... en número de doce, para tenerlos más cerca y enviarles luego a predicar» (Me 3, 13-14). ¡A los que El quiso! No sabemos si valían más o lo merecían más ... Conviene ;no perder nunca de vista esto: para que «nadie pueda gloriarse en su presencia» (1 Cor 1, 29); para que cada uno se diga: «¿qué tienes, que no hayas recibido?, enton– ces, ¿por qué engreirte, como si de ti lo tuvieras?» (1 Cor 4, 7); para que todos sepamos bien que «no está en que upo quiera, ni en que uno co– rra, sino que todo es cosa de la misericordia de Dios» (Rm 9, 16). Sería interesantísimo y delicioso conocer desde dentro alguna de las lecciones que la celestial Madre y Maestra empezó a dar en este vera– no a.e 1961 a sus cuatro afortunadas hijas y discípulas; pero ellas no han sabido explicárnoslas 3, Habremos, pues, de limitamos a ofrecer lo que algunos supieron captar desde fuera, y que luego han t ransmitido en relatos. (Por cierto, bien poco abundantes en lo que concierne a este mes de julio de 1961 en que aún nos encontramos.) Más de cua tro pasos por las nubes Como tipo y muestra de lo que estaba ocurriendo casi todos los días en Garabandal, doy aquí lo ocurrido el día 16, fiesta de la Virgen def Carmen, tan celebrada por toda España 4, y que aquel año cayó en domingo. 3 Encima Conchita pasa por alto en su diario casi todas estas fechas de julio. 4 Influye en esto, aparte de la devoción carmelitana propiamente dicha, el que abundan extraordinariamente las mujeres que se llaman María del Carmen, y el que la Virgen del Carmen es la Patrona de nuestras gentes del mar.
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