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CAPÍTULO VI «VINO A LOS SUYOS; PERO LOS SUYOS.. . » Así esquematiza el cuarto evangelista (Jn 1, 11) el acontecimiento cumbre de la Historia (venida de Dios a los hombres como uno de ellos) y sus resultados (reacciones contradictorias de esos hombres a tal venida) . Y esas palabras, inspiradas, me atrevo yo a usar para dar cuenta de' lo ocurrido entre nosotros con la «venida»l de María Santísima a Garabandal. Aunque «en aquel tiempo» J esús venía para todos los hombres y todos los pueblos, su venir afectaba primeramente a los hombres de su pueblo Israel: ¿cómo se reaccionó en este pueblo, el primer llamado y elegido, ante el hecho inaudito del Emmanuel 2? Bastantes acabaron comprendiéndole, y le aceptaron gozosos; pero bastantes otros -las clases dirigentes en general (sacerdotes y doctores)- se cerraron en la incomprensión y le rechazaron. A los primeros colmó El de bienes: «A quienes le recibieron, les dio el poder llegar a ser hijos de Dios... » (Jn 1, 12). Y a los segundos les abandonó en su vaciedad o miseria de espíritu: «Moriréis en vuestro pecado... » (Jn 8, 24). Aquí está el misterio de que El «vino a los suyos y bastantes de los suyos no le recibieron». I El lector inteligente captará en seguida, que no pretendo poner en pie de igualdad la Venida del Hijo de Dios al mundo y la «venida» de la Virgen a Garabandal... Ni por su realidad espiritual y física, ni por su alcance, ni por· su dimensión de fe, pue– den equipararse ambas venidas. La comparación q:.ie yo hago tiene sólo valor ilustrativo. 2 Palabra hebraica que significa «Dios con nosotros».
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