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92 Parece indudable que corresponden a algo que están viendo y oyendo al mismo tiempo 35. »La voz les sale en varios tonos. Algunas veces casi no se las oye, otras se las entiende con normalidad; de ordinario, es un hablar más bien bajo, algo extraño, como con sordina. Su modo de expresarse es el que usan en la conversación ordinaria, salvo raras excepciones. En caso de oír palabras cuyo sigpificado no conocen -caso frecuente-, piden ex– plicación a la visión, y ésta, o les da la explicación pedida, o -como ocurrió en el caso de la palabra "sacrificio"- les dice que se lo pre– gunten después a los sacerdotes. »"¡No te vaigas!" - Es muy frecuente oír a las niñas hacia el final de los trances: No te vaigas, ¡eh! Así expresan su ansia de continuar en tal estado... »Son interesantes las palabras de Santa Teresa a este respecto: "No osa (el alma) bullirse ni menearse, que de entre manos le parece se le ha de ir aquel bien; ni resolgar (respirar) algunas veces no querría. No entiende la pobrecita que, pues ella por sí no pudo nada para traer a sí aquel bien, que menos podrá detenerle más de lo que el Señor qui– siere" (Vida, cap. 15, párr. 1). »Interesante también, leer todo el número 421 de la "Teología de la Perfección Cristiana", del P. Royo Marín, que gira sobre la afirmación de que "nadie puede ponerse a contemplar 36 cuando le plazca". Esto se ha observado muchas veces, en realidad siempre, en las niñas de Garabandal, que tienen que estar esperando, sin poder adelantar aconte– cimientos a pesar de sus deseos (puedo señalar dos solas excepciones, en que recibieron orden formal de entrar en éxtasis: una del señor párroco, y otra mía). »He visto a las niñas, una vez recibida la tercera llamada, entrar en éxtasis, salir, volver a entrar, sin aviso ni preparación previos, quedando con cualquier cosa que tuvieran en la mano -una linterna, un vaso, el vestido, la mano de otra niña- y que no había forma de hacerles sol– tar... En cambio, otras veces han estado ellas, a propósito, recogidas, aisladas de todos, a la espera de la visión: y la espera ha sido en vano. »Se ve que no depende de ellas el tener to que tanto ansían y tanto llama la atención. De aquí sus respuestas llenas de humilde sinceridad a las múltiples preguntas de la gente: "No sé; cuando Ella quiera", 35 Como una ilustración más, esta anécdota que debemos a don Miguel González Gay, abogado de Santander. «Don Tomás, un indiano de Cossío que tuvo famoso bar en esta capital monta– ñesa, relata que un día, en Garabandal, dando un paseo por los Pinos, se encontró en una vaguada con Mari Cruz, sola, arrodillada y en éxtasis. Se arrodilló a su lado, y trató de entender lo que decía: "Virgencita, ¿por qué me has avisado a mí tan tarde, si es que las otras ya están para comenzar el segundo misterio del rosario?" -No me quedé a oír más; bajé corriendo con todas mis fuerzas al pueblo, y pre– gunté dónde estaban las otras chiquillas. Me dijeron que junto a la iglesia. Me planté allí de unas zancadas, .y pude comprobar, con enorme sorpresa, que en aquel mismo momento estaban terminando el segundo misterio... ¿Cómo explicar semejante coin– cidencia, si no hubiese alguien que atendía al mismo tiempo a la solitaria de los Pinos y a las dos del pueblo?» 36 Se trata de una contemplación no natural, de una manera superior de oración que estudian los Tratados de Teología Mística.
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