BCCCAP00000000000000000000758

86 una niña en trance y le dijo al oído la palabra "sí", que algunos de los más próximos pudii:nos captar también. Cuando yo pregunté después a la niña, por qué había dicho aquel "sí", ella me respondió: La Virgen me dijo: "Aquí tienes a un hombre: dile que sí". Insistí yo para saber a qué se refería tal "sí"... "Yo no lo sé. La Virgen sólo me dijo, en aquel momento, que dijera 'sí' a aquel hombre". »El día 15 de agosto, una de las niñas rezó el rosario por uno que yo le había dado; al devolvérmelo después, observamos que le faltaba la cruz: se había desprendido y perdido. Era inútil buscarla por aque– llas calles, callejas y caminos ... Al cabo de veinte días, el 5 de septiem– bre, se me ocurrió decir a las niñas, que preguntasen a la Virgen por la cruz de mi rosario... Yo mismo pude oír el diálogo en que le pre– guntaban, y cómo se iba concretando el sitio exacto. Al concluir el tran– ce, fuimos sin ninguna vacilación al sitio indicado, y allí apareció la crucecita, bajo una piedra, entre el barro. »Otra vez entregaron a las niñas cinco estampas, para que las besase la Virgen. La vidente fue dándolas una a una a la visión, excepto una, que parecía no querer recibir... La propietaria de dicha estampa, muy emocionada, se vino entonces hacia mí, llorando, y diciendo que quería tranquilizar su conciencia. Más tarde volvió a entregar su estampa a una niña en trance y ésta, después de estar como escuchando a la Virgen y sonreír, ofreció en primer lugar aquella estampa para que fuese be– sada. La misma persona a quien todo esto sucedió, delante de mí, fue quien me autorizó a decirlo. »He aquí otro caso relacionado con el estado de conciencia. Vi que una de las niñas, en éxtasis, se fue de rodillas, repentinamente, hacia una persona. Esta se retiraba con toda deliberación, hasta que la niña, que mantenía su mirada fija en lo alto, la acorraló en una esquina; allí le sonrió muy dulcemente durante unos momentos, y luego la dejó. »La impresión que todo esto causó en la interesada, fue muy grande. Y yo supe después, por ella misma, que había llegado a Garabandal muy angustiada con el pensamiento de si sus confesiones no estarían bien hechas... Por eso había rogado a Dios y a la Virgen: "Si mis con– fesiones pasadas están bien hechas, que la niña venga claramente a mí". Apenas había formulado mentalmente su petición, la niña, desde el otro extremo de aquel desván, había arrancado de rodillas hacia ella, sin atender a ninguna otra persona. La respuesta había sido maravillosa. »En muchos otros aspectos se manifestó esta capacidad que tenían las niñas en trance para conocer cosas ocultas de los espectadores; pero llamó particularmente la atención lo fácilmente que descubrían la con– dición sacerdotal de algunos asistentes. Bastantes veces dijeron que había allí sacerdotes, cuando nadie po– dría sospecharlo... o que había más de los que aparecían (por su indu– mentaria) ... ; y siempre se comprobó que así era en efecto.» 23 23 Que a los sacerdotes y a su situación se ha concedido atención relevante en Garabandal, está fuera de toda duda: Hay pruebas innumerables. También en. este punto aquellos extraños sucesos venían «apuntando» a las tremendas crisis que pronto iban a estallar en la Iglesia...

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz