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Se fue con prisas a la montaña 85 que rezase el rosario en la iglesia al terminar la visión, pero se encontró con la iglesia cerrada: entonces comenzó el rezo a la puerta, y la niña entró de nuevo en éxtasis, y la Virgen le dijo que rezase más fuerte para que el público respondiera... Fue un hermoso rosario por las calles del pueblo: la niña, en visión, marchaba delante, dirigiendo en voz alta, y el público respondía. J;.,a niña no contaba las avemarías que iba rezando, pero no se equivocó de número en ningún misterio, porque la Virgen le decía siempre cuándo era el gloria. Esto ocurrió en bastantes otras oca– siones.» El P. Andreu da a lo largo de su informe numerosos detalles sobre este punto de la relación entre niñas videntes y espectadores. Veamos algunos: «En una ocasión, las niñas, dentro del éxtasis, se iban poniendo de rodillas ante cada uno de los presentes y rezaban el "Señor mío Jesu– cristo" 20; pero al estar delante de un niño pequeño, sin verle, en vez del "Señor mío Jesucristo" rezaban una "Salve". -La anécdota es formidable, y nada puede ponderarnos mejor: por una parte, la dignidad de cualquier hijo de Dios, de un alma bautizada; por otra, la realidad de que todos somos pecadores y necesitamos de un continuo ejercicio de compunción; y por otra, la permanencia del estado de justicia, inducido por el bautismo, en los que aún no han cometido pecados personales. »Otra vez, una de las niñas videntes fue santiguando 2 1 a todas las personas que tenía en torno, excepto a una... Podemos imaginarnos . el desconsuelo de ésta. El párroco preguntó después a la niña por qué no la había santiguado, y la niña respondió que la Virgen le había dicho que aquella persona era la única de los presentes que se había santigua– do por la mañana. Preguntando a todos los interesados, se constató que así había sido en efecto.» -¡Buena lección sobre la necesidad de no empezar «laicamente» nuestra jornada! Pocas cosas tan recomendables para un vivir de cris– tianos, como ésta de marcar el comienzo de cada día con un piadoso levantar el corazón hacia el Padre que está en los cielos... «Una señora pidió con mucho interés a la niña vidente que pregun– tara a la Virgen si su marido creía en Dios. Después del éxtasis conoció la respuesta: "En Dios, sí cree; en la Virgen, muy poco; pero ya creerá". Todo se explica sabiendo (la niña no lo sabía), que dicho señor era protestante 22. »Un señor, de rodillas, pedía mentalmente por la conversión de su yerno. Según estaba así con su oración, sólo .conocida de él, se le acercó 20 La oración acostumbrada en España para hacer un acto de contrición o de arrepentimiento de los pecados. . 21 Santiguar es trazar con la mano derecha un signo de la cruz, de la frente al pecho, y de un hombro al otro, mientras se dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. El viejo catecismo español recomendaba hacer la señal de la Cruz, «especial– mente al levantarse de ,,fa cama, al salir de casa, al comer y al dormir». 22 Ahora ya es católico, y precisamente como fruto de este «juego de niñas» de Garabandal: Su «historia» saldrá más adelante.
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