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84 »Muchos reflejos desaparecen durante los éxtasis; otros, sólo quedan amortiguados. Así, los ojos aparecen como muertos, sin ver; pero a me– dida que se multiplican las visiones, parece que van adquiriendo brillo en las pupilas. Las niñas llorap a veces, con unas lágrimas tranquilas que les caen por la cara. Tales lágrimas corresponden a los momentos en que se encuentran como más extasiadas, y deben de ser consecuencia de lo que oyen o ven, pues se les oye entopces decir: "¡Oh! Perdón... Perdón... Misericordia .. ¡Ah!, no lo volveremos a hacer. .. Sí, ya se lo diremos ... " »En una ocasión volvieron a la normalidad con lágrimas en los ojos y dijeron que la Virgen se había lamentado de que la gente se estaba portando con poco respeto en la iglesia. »Otra vez sucedió lo mismo, estando en la calle, y declararon las niñas que el P. Luis les habia, dicho, que había poco orden entre el público, que se tiraban los unos encima de los otros; que avisaran al párroco y a su hermano 18, para que tratasen de poner orden, colocando a los mozos del pueblo en círculo grapde: y que, precisamente por esa falta de orden, se retiraba tan pronto la visión. Los espectadores »Al principio, el espectador no tomaba parte alguna en lo que ocu– rría. Más tarde fue habiendo ya cierta participación... Las niñas, no sólo han hablado de espectadores conocidos, sino que, durante el éxta– sis, los han localizado y tocado. Ellas, según su explicación, no los ven, pero los sienten al tacto (a los demás no, aunque los toquen). Llegan a localizarlos de dos maneras: o señalando ellas en varias direcciones hasta que la visión les dice dónde están, o dejándose llevar de la mano por la misma visión hasta el punto donde se encuentran. Esto ha ocu– rrido, sobre todo, cuando se trata de devolver medallas o rosarios 19. »Cuando van a meter por la cabeza un rosario o cadena, ya besados por la Virgen, suelen decir: "Tómame tú las manos y llévamelas, que yo no la veo". Entonces el movimiento es mucho más rápido, y tan exacto, que colocan el rosario o la cadena sin tocar la cabeza. Los casos han sido muy numerosos. »Ha habido también otra participación de tipo más _ colectivo por parte de· los espectadores. Cierto día, la Virgen encomendó a una niña Loli, esta vez, al echar mano de la bombilla, cayó en éxtasis, y no la soltaba... Te– míamos todos que si continuaba así, agarrada a la bombilla encendida, se quemaría la mano; su madre decía: "Por Dios, que suelte la bombilla"; pero todos nuestros esfuerzos fueron inútiles. Entonces llamamos a Mari Cruz, que no estaba en éxta– sis, y ella, con la mayor facilidad, hizo que Loli soltara la bombilla; luego la niña bajó las escaleras y continuó su marcha extática.» 18 El -P Luis: P. Luis Andréu, de quien se hablará más adelante. Párroco: Don Valentín Marichalar. . Hermano del P. Luis: El P. Ramón María Andréu, autor de estas notas, que pasaba unos días en Garabandal. 19 No se pierda nunca de vista, que las niñas, al encontrarse en éxtasis, son arrebatadas del normal mundo de los sentidos; metidas en la luz superior, en la deslumbradora zona de visión, se rompe el contacto con todo lo que materialmente las rodea.
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