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Se fue con prisas a la montaña 83 minutos. La caída, cuando es de varias, suele ser admirablemente sin– cronizada; y sin que aparezca en ello estudio ninguno, el hecho es que forman grupos de conjunto verdaderamente preciosos. »Dice el P. Arintero en '.'La evolución mística", página 597: "En los éxtasis falsos (no sobrenaturales), los movimientos convulsivos que suele haber son desordenados e indecorosos, y exponen a grandes ries– gos; mientras que en los divinos se guarda un::i modestia y compostura admirables, y no hay tampoco peligro de ningún daño, aunque la perso– na fuere a caer en fuego". «En los fenómenos de Garabandal pueden distinguirse como dos "campos": el de los espectadores y el de las niñas. El espectador ve a las niñas y su manera de actuar: movimientos, risas, palabras, aneste– sia, etc.; pero no ve la aparición. Las niñas contemplan la aparición, están en su luz, recogen sus palabras ... ; pero no ven ni perciben al público, aunque saben que está allí, porque mu~has veces se lo ha dicho la aparición. »Las niñas que están en visión se ven unas a otras; pero si una sale del éxtasis, y las otras no, éstas dejan de ver a la que ha salido... , vol– viéndola a ver si ella vuelve a ent rar. »Se da también como una zona intermedia. Desde los primeros días de septiembre ha podido observarse lo siguiente: las niñas que están en visión establecen contacto con las otras videntes que no lo están; pero sólo con ellas. Así, por ejemplo, si entra en éxtasis Jacinta, puede comu– nicarse con Mari Cruz, Loli y Conchita, que es:án juhto a ella fuera de éxtasis, o sea, en estado normal. El contacto lo establecen a través de preguntas, que pueden ser hechas hasta sólo mentalmente. »Además de este medio de las preguntas y respuestas, suele haber otro elemento de intercomunicación. La niña que está en visióp suele mostrarse rígida, como en parálisis, en ciertos momentos... Es inútil entonces tratar de mover o cambiar la posición de cara, manos, brazos, etcétera; el efecto es como si se tratase de una estatua. Pero no resulta así para otra de las videntes que esté en estado normal: ésta puede cambiar las posturas de su compañera extática, pues la enorme rigidez que presenta a los demás, parece cambiarse en una gran flexibilidad para ella 17 • destia de las niñas en sus caídas y trances. No sólo la postura de sus cuerpos era de verdad bella y dignísima, sino que sus vestidos les «caían» siempre de la forma más conveniente, incluso con un correrse o deslizarse que parecía contrario al mo– vimiento natural: «era como si una mano invisible estuviera allí para no dejar nada mal puesto; todos sentíamos gran respeto ante aquelbs cuadros». 17 El brigada de la Guardia Civil, don Juan Alvarez Seco, que vivió de cerca, como poquísimos, todo lo de Garabandal, se acuerda de este caso: «Un día María Dolores estaba en el primer piso de su casa, donde tu'l.'o apariciones muchas vc~'-'s. Su padre Ceferino tenía dicho que cuando bajaran de allí a la planta baja, donde está la taberna, aflojaran la bombilla de la luz, pues no había llave para apagarla.
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