BCCCAP00000000000000000000758
Se fue con prisas a la mor.taña 77 -Lo primero que se le ocurre a uno sobre los fenómenos, es pensar en comedia o en ataques de histeria... Al no ver milagros, se pasa ini– cialmente por momentos de decepción (un proceso de visiones no es un milagro apologético). -Determinadas actuaciones de las niñas suelen causar impresión, cuando, superado el obstáculo del numeroso público, se logra ver y oír de cerca y con detenimiento. -La mayor parte de los que acuden a Garabandal no entienden los fenómenos que allí suceden; pero intuitivamente llegan a convencerse de que lo que allí sucede es cosa seria... Surge entonces un estado de expectación que parece invitar a dete– nerse reflexivamente sobre los acontecimientos de Garabandal». El escenario «El aislamiento da al pueblo y a sus habitantes una sensación de tranquilidad y paz, que se ha roto ahora con la afluencia de peregrinos y curiosos. Al anochecer, una mujer, la mad::e de Jacinta, recorre las calles, según vieja costumbre, tocando una campanilla para invitar a los vecinos a rezar por las• almas o ánimas del purgatorio. El rosario se reza en la iglesia todas las tardes. . «La paciencia de los padres de las niñas está sufriendo una gran prueba con todos estos acontecimientos: siendo gente sencillísima y humilde, se han encontrado de repente con q:ie sus hijas son sujeto de unos fenómenos que constantemente las estén exponiendo a la avidez del público que acude, con lo que se les crea a ellos una situación que no pueden dominar; porque el público no sie:npre sabe· ser correcto en sus palabras y en sus obras. Así, han golpeadc a las niñas, han insultado a sus padres, han creado no pocas situaciones desagradables. La falta de una autoridad en el pueblo hace que los padres y mozos del lugar tengan que proteger, incluso a empujones, a sus hijas o herm~nas. Ellos quisieran saber, más que nadie, de qué se trata... ; y se encuentran solos ante unos hechos que no acaban de entender. Solamente el que en tres meses que dura ya esta situación, con tantas carreras y aglomeraciones, con tantas y tan diversas personas que acuden, no haya sucedido nada que lamentar, lo interpretan ya como una señal de que hay una mano invisible que vela por las niñas y las guarda con cariño. «Los vecinos no afirman ni niegan nada: no cuentan más que lo que ven; pero todos ellos, conocedores de la sinceridad y normalidad de las niñas, tienen el convencimiento de que lo que ellas dicen es verdad. · «Tratándose de actuar con seriedad científica, no se puedep tomar para estudio más datos que los que proceden de testigos de primera línea, pues a veces la avalancha de curiosos y el rodar de boca en boca las noticias pueden transformar determinados hechos en fantásticos bulos... Los datos que aduzco en este informe están directamente cons– tatados por mí, salvo los casos en que explícitamente se cita la fuente de dond.e proceden 8». 8 También yo ,para este libro, quise documentarme «in situ», y de primera mano, con los testigos que fueron viviendo como nadie toda esta historia; pero monseñor Cirarda, obispo de Santander, se ha negado siempre a dar facilidades...
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz