BCCCAP00000000000000000000758
76 unos 8 ó 9 años 5 , por referencia a niñas de ciudad y colegio. Su conduc– ta, hasta el momento de empezar los acontecimientos, era buena, según el juicio del señor cura, de la maestra y de sus propios padres. También su normalidad era correcta hasta que empezaron los trances, y lo sigue siendo fuera de ellos.» ¿Por qué niñas para estas cosas? «Cito al P. Arintero 6 ("La evolución mística", pág. 737): Porque los pequeñuelos, las mujeres, las almas vírgenes tienen un corazón más puro, o hacen generosamente violencia a las pasiones. Así, el Espíritu Santo puede hacer que en ellas brille su luz. Las palabras de la sexta bienaventuranza: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios", encuentran ya aplicación en esta vida. Los hombres y los grandes talentos no tienen, pues, razón alguna para acusar por eso a las mujeres, antes la tienen muy grande para acusarse a mí mismos. No es un privilegio de los pequeños y de las mujeres el ver mejor las cosas sobrenaturales, sino que es como un castigo para los hombres y para los sabios, a fin de que se humillen. Y si no lo hacen, aún les aguarda mayor confusión, conforme lo declaró el Salvador a Santa Catalina de Sena. Sap.ta Teresa rogaba a Nuestro Señor que, en vez de colmrla a ella de tantos favores, los dispensase a hombres sabios, a los sacerdotes, a los religiosos, a los teólogos; y El le contestó: "Estos, ni tienen 'tiempo', ni ganas de trabar relaciones de confianza conmigo; y, pues siempre me desdeñan, tengo que dirigirme a sencillas mujeres, si he de tener el consuelo de tratar mis intereses con los hombres». Pasa luego el P. Andreu a hablar de los espectadores. «El visitante que llega a Garabandal, a ver a las niñas que dicen hablar con la Vir– gen, suele pasar por las siguientes fases: -Al oír la primera ;noticia, lo corriente es que lo tome a broma. Y así, cuando se decide a subir, es medio porque se lo dicen, medio por curiosidad 7. -La visita al pueblo suele causar buena impresión, por lo sencillo que es todo, por la falta absoluta de preparación y acondicionamiento. s Aparte de las pruebas personales que sobre esto pudiera tener el padre An– dréu, he aquí una buena que aparece en las notas de don Valentín, a continuación de lo del dia 17 de julio: «Le decía Conchita a la Virgen que se fuera a dormir a su cama, que ella se iría al pajar.. . Y le preguntó Conchita dónde estaba el padre del niño (el que la Virgen traía en brazos) .. . No sabernos la contestación; pero la niña se puso a saltar de con tenta.. . Las niñas decían a menudo: «No te vayas. ¡Otro poquitín! ¡Ay, no te vayas! ¿Quieres que cantemos o recemos más? ¿Qué quieres que hagamos para que no te vayas?»; y esta vez se pusieron a rezar de broma la letanía, y decían: «Santa Cónchita.. ., Santa Loli.. . » Total, que no puedo describir el contento extra– ordinario de aquellas niñas.» 6 El ilustre maestro dominico P. Juan González de Arintero, nació en Valdelu– gueros (1860), pueblecito de la montaña de León, y murió en Salamanca (1928). Entre sus muchos méritos está el de haber sido restaurador de los estudios místicos en España. Sus venerados restos se guardan en Cantalapiedra (Salamanca), en la iglesia (muro derecho del presbiterio) de un convento de clausura, monjas Clarisas, a cuya fundación contribuyó él de forma decisiva. 7 Anotación de don Valentín el día 17 de julio: Asistieron unos ocho sacerdotes, dos doctores, y unas seiscientas personas de fuera; pero ha habido días, en domingo, que había cerca de tres mil. Muchos vienen por curiosidad; después que· ven a las niñas, cambian; he visto llorar a hombres.»
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz