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74 Por otra parte, para lo que yo pretendo, no creo que sea necesario recoger minuciosamente «todo» lo de Garabandal; a lo que yo voy, es a obtener una buena y bien fupdada visión de conjunto, que nos ayude a calar hondo en lo que tiene todos los signos de ser una extraordinaria obra de Dios y de la Virgen a favor nuestro 2. La reflexión teológica entra en acción Asistimos en este mes de julio de 1961 a la entrada de lo maravilloso en una «cuasi-normalidad». Todos los días hay «sesión»: poco más o menos, de la misma manera; poco más o menos, a la misma hora; poco más o menos, por los mismos lugares. Las niñas favorecidas entran y salen de sus trances con una extraña naturalidad, y hablan de aquellas maravillas como puedan hacerlo de otras cosas catidianas; los del pueblo se acostumbran ya a ver sin sor– presa, que haya encuentros e intervenciones del otro mundo casi a la vuelta de cada esquina, por casi todos los caminos; sólo para los nue– vos de cada día, los forasteros que van llegando de puntos cada vez más distantes, queda ya la «sorpresa» de tener al alcance de ojos y ma– nos un algo totalmente fuera de serie, con lo que nunca hubieran po– dido soñar. porque en las notas de don Valentín encuentro esta escueta referencia: «Los días 11, 12 y 13 dijeron que habían comulgado», y es la primera vez que se ha– bla de ello. Estas comuniones ocurrian siempre a la hora y en el lugar que el ángel les decía de antemano. A esto muy principalmente hay que aplicar la observación general del señor cura: «Siempre que las niñas han dicho algo con tiempo, siempre se ha cumplido.» Antes de que empezaran tales comuniones, el ángel hizo la con– veniente «catequesis»... , con toda probabilidad durante las apariciones de los días 8, 9 y 10. La primera vez que las niñas hablaron a don Valentín de que el ángel les daba la comunión, él hizo, naturalmente, algunas preguntas, y luego anotó así: «Dicen que hace (el ángel) igual que yo hago cuando doy la comunión.» Estas co– muniones tenían siempre, o casi siempre, su oración de «postcomunión», recomen– dada por el mismo ángel: «Alma de Cristo, santifícame; Cuerpo de Cristo...» Las personas que a veces las presenciaban, no veían al ángel ni. la Sagrada For– ma; pero sí veían perfectamente en las niñas todos los gestos o movimientos que se hacen al comulgar; y de ellos corren por ahí numerosas pruebas fotográficas. Algo muy significativo: Se tiene por cosa comprobada, que el ángel sólo verúa a dar la comunión, cuando no había por el pueblo ningún sacerdote que pudiera normalmente hacerlo. Es el «estilo» de la Divina Providencia: Acudir en nuestra ayuda con medios extraordinarios (si le place) sólo cuando no se puede contar con los ordinarios. Por las notas de don Valentín, se ve que todos o casi todos los días de este mes de julio tuvieron las niñas aparición de la Virgen, o del ángel, o de los dos a la vez. Pero creo que detenernos en sus esquemáticas reseñas resultaría fatigoso o sin interés, por no conocerse más que los detalles externos, los menos impor– tantes, y que, además, variaban poco de día a día. 2 Desde estas páginas me atrevo a rogar a cuantos hayan tenido interesantes experiencias en Garabandal, o a propósito de Garabandal, que me envíen sus infor– mes bien precisados en cuanto a fechas, acompañantes, hora, lugar... e incluso estado del tiempo (todo, naturalmente, garantizado con firma y datos personales, aunque luego se guarde el secreto que sea menester): es que quiero completar y afinar cuanto sea posible este libro en sucesivas ediciones.
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