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Se fue con prisas a la montaña 161 a veces, separadas. Cuando se juntan en algún punto, prorrumpen en exclamaciones de alegría. «Así, por dos largos ratos, de diez a doce. El público las sigue re– zando; pero es difícil marchar a todas partes ::on ellas, porque van de prisa... y no tienen ningún tropiezo, ni con las muchas piedras que hay, ni con el barro, ni con nada. Yo, a veces, las sigo, y a veces me quedo esperándolas en algún punto, porque las vueltas por el pueblo son cons– tantes, en todas direcciones y por todas las callejas. En una de esas mis paradas me vienen de pronto a buscar algunos, muy emocionados, pues han oído a las niñas hablar de mi hermano y decir: "Entonces, ¿le oiremos hablar? ... ¡Ay, qué gusto! ¡Era más bueno!"» Efectivamente, a partir de esta fecha, no pocas veces sintieron las niñas la presencia del P. Luis en sus éxtasis y escucharon su voz, man– teniendo diálogo con él, aunque sin ver su figura. Conchita escribió en su diario, pág. 46-47: «Cuando pasaron unos días de morir el P. Luis, nos dijo la Virgen que íbamos a hablar con él. Y el día 15 de agosto, fiesta de Nuestra Señora (la Asunción), pues ese día había mucf:.as excursiones, y venían de juerga, y como armaban escándalos, ese é.ía, que era cuando nos había dicho la Virgen que. teníamos que hablar con el P. Luis María Andreu... no vino 35, Al día siguiente, a las ocho o nueve de la r..oche, se nos apareció la Virgen muy sonriente, como siempre, y nos d:.jo a las cuatro: Vendrá ahora y os hablará el P. Luis. Y al poco rato vino, y nos llamó una por una; pero nosotras no le veíamos, nada más que le oíamos: su voz. Era 35 Del informe del P. Ramón María Andreu: «Se ha repetido el caso de que, cuando el público ha sido más numeroso y con aire de romería, con borrachos y música o canciones profanas, la visión no ha tenido lugar. Y el público quedó defraudado. La primera vez que lo observé, fue el 15 de agosto (1961), fiesta de la Asunción, por la tarde. Ese día, toda la multitud esperó en vano. A la vista de los que se comportaban como si hubiesen ido a una romería, al oír las canciones profanas y observar el estado de semiborrachera en que se encontraban algunos, me dijeron ·varios del pueblo, gente sencilla: · " Hoy no habrá seguramente nada. Ya ha sucedido otra vez. Y aquí nos alegramos de que no haya nada cuando vienen en ese plan." Otro día me llamó Amalia, la hermana de Loli, de once años recién cumplidos, la encontré en estado de trance.. . Escuché que le decía a la visión: "¿Por qué te vas para decirme en secreto que Jacinta estaba viendo a la Virgen en su casa. Fui y tan luego?... ¡Ah! Como el día de Nuestra Señora... Están cantando.. ." Acabado el trance, le pregunté, y me respondió: "Dice que se va, porque están cantando y de juerga." Salí a la calle y pregunté: "¿Hay alguien que esté ::antando por ahí" -"Sí, me respondieron; allí hay un grupo que está en plan de romería." Y no hubo visión, hasta que ese grupo, que había ido en autobús, se marchó. Esto ha sucedido más veces. Yo he podido constatar cinco, por lo menos; y los cinco días, la incorrección e irreverencia de los visitantes era manifiesta.» Ese día 15 de agosto de 1961, subió por primera vez a Garabandal alguien que había de convertirse en uno de los más cualificados testigos de su historia: don Celestino Ortiz Pérez, médico de . Santander, especialista en Pedriatría. Me escribe él: «Subí con mi familia. .Estuve allí desde las siete de la tarde hasta las seis de la mafiana, en que tuve que marcharme para llegar a tiempo a mis obligaciones. No vi nada. ' «Los míos se quedaron en el pueblo hasta las nueve de la mañana, en que les fueron a recoger. Fue en esa visita cuando conocimos al P. Ramón María Andreu; por cierto que éste, al enterarse de que yo era médic.o, mostró mucho interés en que eJqlID.inara a las niñas.»

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