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514 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA »Informado de tales teorías el Apóstol, desde Efeso, donde a la sazón se encontraba, escribe una larga Epístola ,a aqueUos queridos hijos suy,os de Corinto, apostrofándoles oon vibrante in– dignación: ccSí, es verdad: los manjares son para el vientre, 1J el vientre para los manjares ; pero a éstos y a aquél destruirá Dios algún día. Mas el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo ... ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿ Y voy a tomar los miembros de Cristo para entregarlos a contactos y acciones vergonzosas? ¡ No lo permita Dios! ... Quien se allega al Señor,. hácese un es– píritu con El. i Huid la fornicación! Cualquier otro pecado que comete el hombre, Juera de su cuerpo queda; mas quien fornica, peca contra su mismo cuerpo. ¿ Y no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? ... »En forma algún tanto oscura, pero elevadísima, quiere ,con– vencer San Pablo a sus cr,Ístianos de que el cuerpo humano no está destinado a los actos sexuales como lo está el estómago a recibir la comida. Sin comida no puede subsistir el hombre ; sin desahogos sexuales, ciertamente sí. La actividad digestiva es d-el todo necesaria para la conservación, desarrollo y buen fun– cionamiento del individuo ; no así la actividad sexual. Esta sólo es necesaria ,para la conservación de la especie, y a esta conser– vación no estamos obligados todos en singular, ni la ayudan en nada mucMsimos de los actos sexuales que se realizan, pues o son antinaturales, o practicados sin verdadera necesidad ni exi– gencia de la naturaleza. Por otra parte, como recalca vigorosa– mente el Apóstol, nuestros pobres cuerpos de barro animado han sido distinguidos con la altísima dignidad de ser templos de Dios, y en otro aspecto, miembros vivos de Cristo: ¿ no sería profa– narlos miserablemente el consentir en ellos una entrega desor– denada a la sensualidad? -Pues frecuentemente se escucha por ahí-dijo uno-que fodo eso de la lujuria, que tanto reprueba la Iglesia, no es al fin más que «cosas de hombre>>. -¡ No son oosas de hombre, sino del animal sin domar que hay en la mayor parte de los hombres !-replicó contundente ~l P. Fidel-. La ,gran superioridad del hombre sobre los animales consiste precisamente en esto: en que el hombre puede siem-
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