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TEMPORAS DE PRIMAVERA 265 sobre una plazuela discretamente iluminada. Gloriosos si,~Ios de historia :leonesa ,parecen haberse remansado en aquel lugar.,. Tambi,én ,allí, en el interior de tan venerable templo, parece haberse remansado, ipero conse::-vando actualidad mu'.Y vigente, la mejor tradición de la ,piedad leonesa: ,allí está perpetuamente expuesto a la adoración de los fie,les el Santísimo Sacramento ; y las mismas piedras ,románticas que han ,visto orando a,l León de pasados s:g,los, contemplan ,ahora, en cualquier instante del día, a los actuales devsotos leoneses que van a ,pasar un ratito, o una larga hora, con el Señor Sacramentado. A San Isi:loro confluían todas las jóvenes leonesas que en aquel atardecer del 14 de marzo pasaban por las ca1les con un «air,en es,¡;:ecial... En cosa de media hora se puso ,la amplia iglesia bien colmadita de muchachas. _¿ A qué habían ido allí, dejando el ,paseo, el cine, las ocu– paciones, el :agradable charlar? Tradicionalmente, en las semanas de cuaresma se celebraban cuatro tandas de Ej,ercicios É-spirituales para cada uno de los grupos más generales de personas: -chicas, seño~as, muchachos, hombres. Er1a::1 como quien dice las tandas oficiales, organizadas por el Obispado. Las jóvenes ,rompían siempre la marcha ,(quizá ;por ser más fáciles de conquistar y estar mejor dispuestas para recibir en seguida el espíritu de la cuaresma). Aquel 14 de mar– zo caía -en su semana de Ejercidos ; por eso habían acudido en tan gr,an número a San Isidoro. · Empezó ,puntualmente el ad-o. Rezos, cánticos, predicación (debía de ser he11moso predicair con un templo tan lleno y un auditorio tan dócil...). Había fervor en los cánticos y en ,los re– zos, y el Es;¡:::fritu de Dios aleteaba sobre todas aquellas vidas jóvenes que buscaban ]a rectitud de sus caminos... Mientras estas santas cosas ocurrían en San Isidoro, allá en San Francisco sucedían otras de menor volumen. En San Francis– co, sobre la mesa del recibidor grande del convento, acababa de colocarse un buen montón de papeles que olían a tinta de imprenta. El P. Fidel los rervis:aba ,compl:addo. Eran hojas do– bles, de huen ,tamaño, y tenían forma de periódico. Debían de sumar varios cientos de ejemplares... En la cabecera de cada

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